lunes. 05.12.2022

madrid

La recesión está aquí en toda su crudeza, y con ella el indeseado «sálvese quien pueda», que ha llevado a todos los sectores a llamar a la puerta del Gobierno para pedir socorro. El último en hacerlo es el pequeño comercio familiar, alarmado por las malas perspectivas macroeconómicas presentadas el viernes por Pedro Solbes, quien pronosticó un 2009 negro y marcado por un acusado desplome del consumo interior. Los titulares de pequeñas tiendas, que a duras penas mantienen ya sus rentas en un contexto de reducción de precios y márgenes, avisan de que sin ayuda del Estado muchos cerrarán y sus trabajadores irán también al paro.

Las nefastas previsiones del Gobierno, que auguran una aportación negativa del consumo privado equivalente al 1,5% del PIB, confirman que la época de «vacas gordas» también ha acabado para el comercio, un segmento que la última década registró una notable expansión llevado en volandas por los elevados niveles de consumo. El problema ahora no es que las familias se hayan aburrido de comprar, sino que ya no van a poder hacerlo. El alto consumo de antaño estaba basado en un fuerte endeudamiento que no va a repetirse porque los bancos han cerrado el grifo del crédito.

Los comercios pequeños temen que el desplome del consumo durante este año acabe con ellos
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