domingo. 02.10.2022

La crisis del coronavirus ha roto todo tipo de tabúes en materia económica. Disrupciones que muy pocos pensaban que llegaran a ocurrir en materia de déficit, deuda, gasto público, artillería de los bancos centrales... Incluso el oro, el activo que históricamente se había convertido en refugio en épocas convulsas como este 2020, ha dejado de actuar como paraguas entre una parte de los inversores. ¿Y hacia dónde se ha dirigido el dinero? A una criptodivisa; una moneda virtual a prueba de volatilidad: el bitcoin. A pesar de las llamadas a la contención a la hora de adentrarse en este laberinto, al bitcoin se le han ido abriendo las puertas de cada vez más inversores. Y como un efecto dominó, esta flexibilidad le ha permitido varios hitos en el año de la pandemia: ha cuadruplicado su valor desde hace dos ejercicios; lo ha duplicado en apenas 12 meses; y ha rozado un récord de cotización, los 20.000 dólares por unidad.

Como ya le ocurrió a mediados de 2017, el bitcoin se ha calentado sin ningún tipo de vértigo. Las subidas han sido cada vez más exponenciales, batiendo sus propios récord. Aunque en los últimos días ha calmado las expectativas hasta situarse en el entorno de los 18.000 dólares. A finales del año pasado eran 9.000.

Detrás de este impulso hay varios agentes que, con nombre y apellido, han contribuido a fortalecer esta posibilidad de inversión. «Los inversores institucionales han cambiado y ya empiezan a integrarlo en sus carteras de inversión», explica Joaquín Robles, analista de XTB. Empresas como Microstategy y Square -detrás de la que se encuentra el fundador de Twitter, Jack Dorsey- han decidido incorporarlos como parte de sus reservas.

La criptomoneda ha duplicado su valor este año, hasta llegar a rozar los 20.000 dólares
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