jueves. 30.06.2022
Alto riesgo

El desplome de las criptomonedas desata el pánico

La caída desde máximos en las monedas virtuales obliga a conocer un mercado que sigue fuera del control de los reguladores
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Fotografía de archivo fechada el 20 de enero de 2021 que muestra un bitcoin junto a un fajo de dólares. EFE

Del Olimpo de la inversión al más profundo de los infiernos. La extrema volatilidad que acompaña a los criptoactivos ha golpeado de forma especialmente virulenta estas semanas, arramplando desde noviembre con la mitad del valor de este mercado hasta dejarlo en 1,28 billones de dólares. Traducción: en solo seis meses, los inversores han visto esfumarse el equivalente a todo el PIB español. Pérdidas que reactivan el debate sobre si esto servirá para separar el grano de la paja en un universo de más de 10.000 activos o si, por el contrario, estamos ante el mayor fiasco financiero desde las subprime.

1. ¿Qué generó el 'cripto-crash'? La huida masiva de los activos de riesgo ante el miedo al frenazo económico, dejando en evidencia la alta correlación de las criptomonedas con los mercados de renta variable. El problema añadido es que la ola de ventas ha tenido esta vez de protagonista al binomio Luna/Terra USD, la 'stable-coin' (tokens asociados al valor de una divisa de curso legal, como el dólar o el euro) más potente del mercado hasta ahora.

2. ¿Ha sido todo pura especulación? Luna es, en realidad, el token ligado a la 'stable-coin' Terra USD (UST), cuya promesa es la paridad con el dólar. Mediante complejos sistemas de incentivos y contrapesos, una fluctúa y se emite según se comporta la otra. En abril, Luna cotizaba disparada en 117 dólares tras multiplicar por mil su valor en apenas dos años. Y en solo unas horas quedó reducida a cenizas, cuando UST perdió la paridad con el dólar dejando a la luz la debilidad de un sistema que, en principio, era cien por cien seguro.

3. ¿Cómo funciona el mercado? Las monedas virtuales surgieron con la idea de descentralizar los pagos alejándose del escrutinio de gobiernos y bancos centrales. No hay intermediarios ni reguladores. A través de la tecnología de cadena de bloques (blockchain) el control recae en los propios usuarios, que son los que validan las operaciones a través de mecanismos P2P (punto a punto), con lo que cualquier operación debe recibir el 'ok' de la comunidad digital para llevarse a cabo.

4. ¿Para qué sirven? El uso de, por ejemplo, el bitcóin como medio de pago es todavía muy limitado. Así que su fulgurante subida de los últimos años (salvando el reciente tropiezo) refleja que los inversores compran bajo una base de especulación sobre su valor futuro. Y esa es, a día de hoy, la mayor incógnita que rodea a un mercado que, por ley, nadie está obligado a adoptar.

5. Huella ambiental. Uno de los riesgos que presenta este mercado es el propio proceso de 'minado' con el que se crean las criptomonedas, que requiere del uso de potentes ordenadores que consumen muchísima energía. Hasta hace poco, el 75% de todo ese consumo tenía lugar en China, donde se concentraban las mayores granjas de mineros. En total, el consumo eléctrico por la minería de bitcóin asciende a 124,87 tw/h al año, más que países enteros como Noruega, Holanda o Argentina. "Una sola transacción de bitcóin emplea la misma cantidad de energía que un hogar estadounidense promedio al mes", reflejan desde Funcas.

6. ¿Por qué hay países que las prohíben? Ante el meteórico crecimiento de los últimos años, algunos países temen que el mercado desestabilice las finanzas locales, prohibiendo la minería y, en los casos más extremos como en China, también las transacciones. Algunos gobiernos han ligado esta operativa al lavado de dinero y al fraude, ya que las transacciones, aunque rastreables, permiten el anonimato. El experto de ciberseguridad, Óscar Delgado, recuerda que las granjas de minado es ya una profesión para muchos. "Detrás de cualquier actividad costosa de mantener siempre hay gente poderosa", indica.

7. ¿Pinchazo u oportunidad? Tras el reciente desplome, los expertos coinciden en que "limpias como así vienen bien para sacar a los inexpertos del mercado". Los analistas de Julius Baer añaden que "para los activos digitales, esto es el equivalente a la burbuja de internet del año 2000". Una fase de utopía que llega a su fin y que dará paso a una etapa "menos estruendosa, de convergencia de las tecnologías de encriptación hacia el sistema financiero centralizado y regulado". Es decir, no hay que dar por muertos a los criptoactivos, sino más bien empezar a tomarlos en serio. No como una inversión especulativa, sino como una oportunidad para desarrollar la tecnología de bloques que ya cuenta con importantes utilidades en los sistemas bancarios y financieros.

 

ECO

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