lunes. 05.12.2022

Las sucursales bancarias ya no son para los jubilados. Han perdido ese espacio casi familiar al que acudían a pagar facturas, comprobar las pequeñas inversiones, hacer una transferencia para los hijos y, en definitiva, compartir un rato con sus ‘cajeros’, que los conocían de toda la vida y los llamaban por su nombre. Las ventanillas eran una ventana a la vida; ahora son territorio hostil. El cierre de sucursales (quedan apenas 20.800 de las 45.000 que había en 2008), el despido de trabajadores, la limitación de horarios para sacar o ingresar dinero e incluso el cobro de comisiones a quienes retiran efectivo son medidas que los bancos han tomado para mejorar sus cuentas de resultados mientras avanzaba la digitalización del sector, un proceso imparable que ha agilizado los trámites de muchos clientes pero que ha dejado por el camino a millones de mayores que no disponen de los conocimientos para operar por internet o con aplicaciones móviles.

Hasta el Banco de España ha advertido contra esta «exclusión financiera». «La creciente oferta de servicios financieros digitales podría plantear problemas en el uso de productos financieros a determinados colectivos ya bancarizados, pero ajenos al entorno digital o con carencia de competencias digitales, como las personas mayores», avisa el organismo supervisor.

Según el informe ‘Banca electrónica y servicios financieros’, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2020, solo el 32,6% de las personas de entre 65 y 74 años y apenas el 9,1% de los mayores de 75 ha utilizado la banca electrónica en los últimos tres meses.

Más de cinco millones de españoles no saben operar por internet y para muchos de ellos, la solución pasa por delegar en un familiar o una persona de confianza, a cambio de perder independencia.

La digitalización amenaza con la exclusión financiera a cinco millones
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