martes 17/5/22

Tres o cuatro semanas, a lo sumo. Ese fue el plazo con el que contaba el Gobierno para que la Comisión Europea diera luz verde al plan energético presentado por España y Portugal para limitar el precio del gas en el mercado mayorista y que ese tope se viera reflejado en el coste de la electricidad. Pero el reloj sigue avanzando y, por ahora, no ha visos de que Bruselas vaya a autorizar esa medida en los próximos días. Aunque la idea es aparentemente sencilla, la letra pequeña de este tipo de documentos sigue dando vueltas por los despachos de la capital belga, donde se toman las grandes decisiones en materia comunitaria.

El proceso necesita muchos «ajustes» normativos, indican. Aunque se descartan «trabas», sí que hay que actualizar «aspectos técnicos» para no dejar un resquicio al gran temor que tiene la Comisión Europea: una distorsión en el mercado energético europeo. La teoría dice que las interconexiones de la Península Ibérica con el resto de Europa son mínimas, apenas un 3% del total. Y esa autonomía eléctrica es la que permitiría habilitar un mercado doble: el puramente interior, para España y Portugal; y otro al que se venda la luz al resto de Europa, aunque sea poca electricidad. De hecho, entre las opciones que se están barajando de cara al documento final, se encuentra una posible obligación legal para restringir la exportación de electricidad a Francia, el territorio a través del cual penetran las redes ibéricas y conectan con el resto de la UE.

Se trataría de aplicar algunas limitaciones en esa venta eléctrica. Aunque el cómo y el cuándo aún está por decidir. De lo que no dudan en el Ejecutivo es de que finalmente el resto de socios autoricen esta limitación del gas.

El presidente del Gobierno recordó ayer que esta propuesta, en negociación, repercutirá en una rebaja de la factura eléctrica, y espera que esta medida pueda cerrarse cuanto antes con la Comisión.

Los flecos más técnicos ralentizan el aval de Bruselas al tope ibérico
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