jueves 27/1/22
                      Imagen del presidente de ATA, Lorenzo Amor. NACHO GALLEGO
Imagen del presidente de ATA, Lorenzo Amor. NACHO GALLEGO

Lorenzo Amor (Córdoba, 1965) lleva más de 17 años defendiendo los intereses de los autónomos al frente de ATA. Vicepresidente también de la Ceoe, no le tiembla la voz cuando tiene que denunciar que las políticas del Gobierno van en contra de los intereses de los empresarios, a los que, a su juicio, están apretando demasiado en un momento en que las heridas provocadas por la pandemia no han cicatrizado. Y esto puede pasar factura.

—Una de las denuncias que hace al Gobierno es que las ayudas directas no están llegando a la inmensa mayoría. ¿Qué está pasando?

—El problema es que se establecen unas ayudas directas que obligan a presentar facturas de gastos. Pero en España ha habido muchas actividades que han estado sin trabajar y no tienen gastos de actividad, como le sucede a un fotógrafo, a un guía turístico, a un músico... Prácticamente un millón de autónomos se han quedado sin acceder a la ayuda de 3.000 o 4.000 euros.

—¿Se complican mucho las cosas en este país? ¿Hay demasiada burocracia?

—Veo demasiado voluntarismo político en este país. Da la sensación de que se está muy alejado de la realidad. Nos dejamos llevar por determinados datos macro que no tienen nada que ver con la economía real. Aunque tenemos un crecimiento, no es tan robusto ni estamos tan bien como algunos se empeñan en vendernos, ni tan mal como otros quisieran hacernos ver.

—¿No está entonces de acuerdo con el Gobierno, que da por superada la crisis a final de año?

—¡Cómo vamos a dar por superada la crisis cuando en estos momentos casi la mitad del tejido empresarial tiene dificultades para pagar sus nóminas y para hacer frente a sus costes fijos! Pero es que además ponemos zancadillas. Al incremento de la luz y los precios energéticos, al incremento de los carburantes, de los costes de producción y las materias primas, estamos sumando nuevos leñazos en materia fiscal y en materia de cotización a la Seguridad Social. Llega un momento en el que la vaca ya no da más leche.

—Y en enero previsiblemente subirá a 1.000 euros el salario mínimo. ¿Rechazarán cualquier nuevo incremento?

—Cuando dijimos no al salario mínimo explicamos que la coyuntura económica no aconsejaba subirlo. El tiempo nos ha dado la razón. Seguir apretando por ahí indudablemente es un problema. Y además es un problema para la propia negociación colectiva. Hoy hay autónomos que ganan menos que sus propios trabajadores. Insisto: el 50% del tejido empresarial tiene dificultades para hacer frente a sus costes fijos. El 70% de las empresas no va a notar la recuperación hasta bien entrado 2023; eso si no volvemos atrás con la llegada de la sexta ola, y suponiendo que la subida de la inflación es algo coyuntural y que la normativa laboral no venga a generar retrocesos en las contrataciones y en la generación de empleo.

—Si la CEOE pudiera dar marcha atrás, ¿se retractaría de su apoyo a la primera fase de la reforma de las pensiones?

—Evidentemente creo que hubiéramos replanteado nuestra postura si de antemano hubiéramos sabido que la sustitución del factor de sostenibilidad venía dado exclusivamente por una subida de cotizaciones que además no va a servir para afrontar los pagos de pensiones en un futuro.

—¿Un acuerdo con el Gobierno es ahora más difícil?

—No. No hay una premeditación al desacuerdo. Quien cambia de postura no han sido los empresarios ni los autónomos, sino el Gobierno.

—¿Es imposible un acuerdo en la reforma laboral?

—Sería una torpeza derogar una normativa laboral que está sirviendo para mantener y crear empleo. Hay materias que se están planteando en las que se pueden alcanzar acuerdos; en cambio, en otras hay mucha distancia. Todo lo que sea eliminar la flexibilidad de las empresas, establecer rigidez a la contratación y planteamientos ideológicos nos alejan del acuerdo. Esperemos que la negociación avance y mejoremos lo que haya que mejorar, pero mantengamos la esencia de una norma como la de 2012 que incluso al Gobierno le sirve para sacar pecho de los datos de empleo, como ha ocurrido esta semana.

—¿Y el nuevo mecanismo Red de Erte?

—Si lo que hemos tenido hasta ahora ha funcionado, ¿por qué lo vamos a cambiar? Todo lo que es establecer rigideces, demoras en los tiempos con el nuevo mecanismo, creo que es malo para todos. Si queremos tener Erte, facilitémoslos. Y tal y como lo están proponiendo, para las empresas puede ser más fácil un Ere que un Erte.

«Hoy hay autónomos que ganan menos que sus empleados»
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