domingo. 29.01.2023

Atrás quedaron los años de la fiesta inmobiliaria en la que los bancos concedían hipotecas para pagar la vivienda, pero también para amueblar la casa, pagar una reforma y hasta comprar un coche o irse de viaje... La burbuja estalló con tal impacto que la banca aplica ahora nuevas condiciones para evitar aquella fiesta financiera, sobre la que mucho después advirtieron todas las autoridades y reguladores del sector. Adentrarse en una hipoteca es «mucho más limitado» que antes, tal y como explica Patricia Suárez, de Asufin.

La población se encuentra más sensibilizada a no tomar riesgos hipotecarios, «pero también es algo forzoso», admite la experta.

Desde hace ya varios años, la política de concesión de la banca se han transformado por completo. «Ahora estudian más los riesgos, pero también porque muchos, especialmente los más jóvenes, no pueden permitirse tener una vivienda en propiedad», según Asufin. Por una parte, por la propia evolución de precios del mercado inmobilario, que no ha parado de crecer; y, por otro lado, porque los menores de 35 años están viéndose casi expulsados de este mercado. Hace 20 años siete de cada diez jóvenes tenía una vivienda en propiedad y ahora representan tres de cada diez. Dos nóminas, avalista...

«Mientras el empleo no caiga, no hay crisis en el mercado inmobiliario», apunta Juan Fernández Aceytuno, consejero delegado de Sociedad de Tasación. El comodín con el que juega el sector es que la demanda es muy solvente, con perfiles de cambios de casa, sueldos estables o directamente de inversores. Cuando algún ciudadano se acerca a una oficina bancaria para pedir una hipoteca, las condiciones no son flexibles. Por ejemplo, antes bastaba una nómina para acceder a la financiación; ahora son necesarias dos nóminas e incluso en muchas operaciones las entidades exigen un avalista, lo que dificulta aún más el acceso.

Sin hueco para los jóvenes
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