miércoles 25/5/22
                      La presidenta del BCE, Christine Lagarde. OLIVER HOSLET
La presidenta del BCE, Christine Lagarde. OLIVER HOSLET

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, se rinde al discurso del ala dura del organismo monetario. Hasta ahora, su estrategia pasaba por apagar el ruido generado por algunos miembros de la institución, incluido el vicepresidente Luis de Guindos, que en las últimas semanas han apostado por alentar una primera subida de los tipos de interés en julio. Unas manifestaciones públicas que incluso han llevado a Lagarde a llamar a filas a los denominados ‘halcones’ (aquellos que apuestan por políticas monetarias más restrictivas), ante el temor a que la expectativa de un movimiento precipitado acabase por amedrentar aún más a los mercados financieros. Hasta ahora. Con una inflación del 7,5% en abril en la zona euro, la presidenta del BCE apuntó este miércoles, por primera vez en público, a que la primera subida de tipos podría tener lugar «algún tiempo después» del fin de las compras de deuda, sumándose a los que piensan que hay que actuar más pronto que tarde.

Lagarde evitó dar una fecha concreta. Pero sí especificó que sus palabras se referían a un periodo de «solo unas semanas». Sin emplear la palabra ‘meses’ que solía incluirse hasta ahora. El concepto puede parecer insignificante. Pero el mercado es consciente de que Lagarde mide sus palabras al milímetro. Así que la interpretación fue inmediata: la reunión del próximo 21 de julio parece ser la fecha elegida para acometer el movimiento, teniendo en cuenta que el BCE confirmará en junio que el final de sus compras llegará a principios del séptimo mes del año.

Aunque todavía falta por conocer las nuevas proyecciones macroeconómicas el 9 de junio Lagarde también mostró ayer su preocupación ante unas expectativas de inflación que siguen superando el objetivo a medio y largo plazo del organismo. «Aunque los precios de la energía han dado un respiro, la inflación subyacente también pasó del 2,9% al 3,5% en abril y los precios de los alimentos siguieron subiendo con fuerza (+6,4%)», recuerda un economista de DWS. «No parece un cóctel que permita al BCE mantenerse al margen» de esa ola de subidas de tipos que se ha extendido por el mundo y que, por ejemplo, ya ha llevado a la Fed a un alza de 50 puntos básicos en mayo que sigue a la de 25 aplicada en marzo. Quedaban pocas opciones. Ayer mismo se conoció que la inflación en la primera potencia mundial se situó en el 8,3% en abril. La cifra está por debajo del 8,5% de marzo, pero superó el 8,1% esperado por el mercado.

La zona euro se ha quedado atrás en este movimiento de normalización al que también se han apuntado el Banco de Inglaterra y otras grandes economías. Hace apenas unos meses, la expectativa era que, como mucho, habría una subida de tipos este año. Y nunca antes del último trimestre de 2022. Pero la realidad inflacionista se ha impuesto y los expertos coinciden en que el BCE debe ser extremadamente cuidadoso, transparente y, sobre todo, previsible en su discurso sobre el futuro de la política monetaria.

Lagarde cede y se abre a subir los tipos en julio por la presión del BCE
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