miércoles 29.01.2020

Lagarde cree que hay señales de «estabilización» pese al débil crecimiento

«Voy a ser yo misma, tendré mi propio estilo». Así se reivindicó ayer Christine Lagarde tras presidir su primera reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE). La nueva jefa de la institución compareció junto al vicepresidente «y amigo» Luis de Guindos, y aunque no lanzó una cascada de novedades (algo por otra parte habitual cuando se trata del último Consejo de Gobierno del año), sí dio algunas señales de lo que pretende.

En su mensaje dijo que no se tocan los tipos de interés cero o negativos que marcaron el mandato anterior y se sigue adelante con el último arsenal del italiano (como la compra de activos por valor de 20.000 millones de euros mensuales). Así que lo de ser «diferente», al menos en lo que se refiere a decisiones técnicas prácticas, requerirá tiempo. De momento, no puede. La situación sigue siendo complicada. «Los datos demuestran presiones débiles de inflación y una dinámica de crecimiento débil de la zona euro», argumentó. Aunque descartó la ‘japonización’ de la economía y vio la botella medio llena para 2022. «Hay algunos signos iniciales de estabilización en la desaceleración del crecimiento y un leve aumento en la inflación subyacente», añadió, antes de remarcar que ese escenario sería más favorable con una acción «efectiva» de los Estados que tienen superávit fiscal (léase, Alemania).

Con proyecciones ya para dentro de dos años, el esquema es el siguiente. La economía mantendrá un ritmo de crecimiento modesto. Y, de hecho, en ese 2022 alcanzará el ratio del 1,4%. Se ‘estabilizaría’ entonces el guarismo del ejercicio anterior, también del 1,4%. La cuestión es que antes de llegar a ese horizonte, los porcentajes aún serán más raquíticos. Se espera una décima de repunte más de lo que se creía en septiembre para este 2019 (del 1,1% al 1,2%).

Lagarde cree que hay señales de «estabilización» pese al débil crecimiento