domingo 22/5/22

Si hay una realidad que no ha reaparecido como un quebradero de cabeza para los titulares de préstamos, las entidades financieras y el conjunto de la economía, por los efectos negativos que genera, es la morosidad bancaria. Sin apenas hacer ruido, la tasa de impagos de los créditos de los clientes ha seguido reduciéndose durante los dos últimos años de crisis del coronavirus. De hecho, hasta noviembre del año pasado, ese ratio se situaba en el 4,29% de todos los créditos.

Se trata del nivel más bajo registrado en el sector bancario desde hace ahora 13 años. Y el calendario ni es casual ni deja lugar a dudas. Hay que retrotraerse a los inicios de la anterior recesión económica, la que comenzó a finales de 2008 con la caída abrupta de Lehman Brothers, para que el supervisor cuantificara una cifra de créditos impagados (se incluyen en esta categoría los que se encuentran en esa situación durante tres meses o recibos) tan baja.

A falta de los datos definitivos de 2021, que incluirán los del mes de diciembre, la ratio de dudosos de noviembre del año pasado se colocó siete puntos básicos por debajo del 4,36% de octubre y hasta 28 puntos básicos por debajo del 4,57% de un año antes.

El peor momento que ha vivido la economía con la morosidad bancaria se alcanzó a finales del año 2013. Entonces, España intentaba salir de una crisis financiera y de deuda que le llevó a alcanzar cotas de desempleo cercanas al 27%, lo que impactó directamente en los compromisos que tenían los ciudadanos y las empresas ante sus entidades financieras.

Sin embargo, la del coronavirus ha resultado ser una época económicamente convulsa pero sin ese impacto en el sector bancario. La cobertura de los erte durante los peores meses de la pandemia unido a otras medidas como los avales del ICO para las empresas han evitado que la morosidad se haya disparado gracias a las garantías de rentas e ingresos con las que han contado los titulares.

La morosidad bancaria cae a niveles de hace trece años
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