miércoles 25/5/22

El mismo kilo de patatas que se compra en un supermercado ha sido en marzo un 693% más caro de lo que el agricultor percibió por cultivarlas. El encarecimiento de la energía y de otras materias primas que siguen presionando al alza la inflación, sumado al impacto de la guerra y a la huelga de los transportistas, agravó el mes pasado la brecha entre el precio del producto en origen y lo que paga el consumidor final por adquirilo.

Una situación que ha puesto en pie de guerra al sector agrícola, que estas semanas se enfrenta también al alza del precio de los combustibles —básicos para desarrollar su actividad— y a otros impactos derivados del conflicto bélico en Ucrania, granero de Europa y exportador de gas y petróleo para la producción de abonos y fertilizantes.

La enorme diferencia entre lo que se paga a los productores frente a lo que se cobra en destino se acerca ya al 800% en productos como el ajo y al 700% en las naranjas, que pasan de costar 0,18 euros el kilo en origen a 1,46 euros en las estanterías de los supermercados.

Así se desprende del último Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos (IPOD) que elabora mensualmente la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (Coag) que, en su última edición, ya recoge el impacto de la inflación del 9,8% registrado por la economía española en marzo. En concreto, los ajos multiplicaron por 8,58 veces su coste desde la cotización en el campo hasta el precio de venta al público en las tiendas, al pasar de los 0,69 euros por kilogramo en origen para venderse en destino a una media de 5,92 euros por kilo. Por su parte, las naranjas ya mencionadas presentaban un coste de 0,18 euros en el momento de su producción a una media de 1,46 euros en los comercios.

El precio de algunos alimentos se multiplica por ocho del campo al súper
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