miércoles. 29.06.2022

Los precios desbocados de la luz dinamitan los tramos horarios para poder ahorrar

Ante las continuas subidas del recibo, los usuarios optan por las tarifas fijas y olvidan las franjas que se activaron hace un año
                      La ministra de Transición Energética, Teresa Ribera. ÁLVARO PADILLA
La ministra de Transición Energética, Teresa Ribera. ÁLVARO PADILLA

Planchar de madrugada o poner la lavadora a medianoche. Fueron los consejos que el Ministerio para la Transición Ecológica extendió hace justo ahora un año, cuando se puso en marcha el sistema de horarios eléctricos que generaron más de un quebradero de cabeza para muchos hogares, poco habituados a modificar sus consumos de luz en función del momento del día en el que se encontrasen. 365 días después todo ha cambiado en el recibo de la luz.

Nadie esperaba ni un alza de precios como el que ha azotado a España, ni las amenazas de corte de suministro, ni los bulos sobre posibles apagones, ni la invasión de Ucrania, ni el récord eléctrico de marzo, ni el tope al gas que está por llegar. En este último año, la luz se ha convertido en la protagonista de las conversaciones familiares, entre conocidos y en la disputa política. Javier Bescos, director de Regulación en Innovación de Feníe Energía, explica que hemos pasado «de ser usuarios que miraban una vez al año su factura a usuarios que vigilaban cada hora el precio de la energía». Y eso «influyó mucho en sus hábitos», admite este experto. Sin embargo, considera que «todo ese efecto se vino abajo con el aumento de los precios».

Porque los sucesivos récords marcados por el mercado diario de generación no han dado tregua y han fagocitado aquella medida. Avanzado el pasado verano, el coste se situó ya por encima de los 150 euros/MWh en agosto, frente a los 70 euros/MWh en los que se encontraba a principios de junio y el Gobierno puso en marcha el primer paquete de medidas para amortiguar la crisis de precios: rebajó los cargos incluidos en la factura en un 90%. Se trata de la parte fija que pagan todos los clientes en sus recibos, por la que se retribuye a las antiguas renovables, se paga el déficit eléctrico o se compensa la insularidad.

Desde el 1 de junio de 2021, los cargos se incrementaron de forma considerable entre las 10.00 y las 14.00 horas y entre las 18.00 y las 22.00 horas; de forma intermedia, a media tarde y por la noche; y casi no se aplicaban de madrugada y los fines de semana. Al reducirlos en septiembre, aun con diferencias horarias, éstas rebajas dejaron de ser tan evidentes para los hogares. Después, en enero, ya se incrementaron, pero nunca volvieron al estado original.

Y lo mismo ocurrió el 1 de abril, con el último paquete anticrisis, que elevó los cargos del recibo pero no hasta las cuantías que tenían el 1 de junio del año pasado, cuando había grandes diferencias entre tramos horarios. Ahora, poner la lavadora de noche ya no sale tan barato como hacerlo a media tarde o durante la mañana. Aunque siempre se puede ahorrar algún euro.

Desde la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) indican que «se han apreciado cambios pero es imposible determinar si los cambios detectados se deben a la señal de precios de los peajes y cargos (que se ha visto mitigada, pero no ha desaparecido), al incremento de los precios del mercado (que ha hecho que los consumidores sean más conscientes de su consumo) o al contexto económico y geopolítico». Es decir, que a día de hoy pocos usuarios tienen en cuenta aquel sistema. Antonio Delgado, CEO de Aleasoft, indica que «se observan cambios con una bajada en el pico de la mañana y una ligera subida en el tramo valle de la madrugada». Pero concluye que «con la subida de precios, eso ya dejó de ser una prioridad para los consumidores».

Clientes sin facturas cada mes

El cúmulo de circunstancias que han condicionado el recibo eléctrico el último año ha enredado aún más la madeja en la que se movían los usuarios antes de esta crisis de precios. Otro de los problemas ha pasado por dejar de recibir facturas en muchos casos. Durante los últimos meses, una parte de los hogares que estaban acostumbrados a tener su recibo cada mes han visto cómo sus comercializadoras no les remitían esa información.

El problema ha llegado por la falta de conexión entre la compañía distribuidora —la que se encarga de monitorizar los contadores— y la comercializadora en medio de una gran crisis de precios. Esta cuestión se ha ido resolviendo, aunque todavía quedan contratos que acumulan varios meses sin ofrecer información sobre el consumo y, por tanto, sin ser cobrados mes a mes, como era habitual.

El otro gran cambio que ha sufrido el sistema ha sido el trasvase masivo de clientes desde el mercado regulado al libre. En concreto, durante el año pasado más de 1,2 millones de usuarios dieron ese paso, sobre todo después de que en verano los precios eléctricos se dispararan. En los últimos meses se ha extendido la práctica comercial de ofrecer precios fijos las 24 horas del día los siete días de la semana. Y, por tanto, se vuelve a desincentivar el consumo en las horas con menor demanda del sistema —noches y fines de semana—, como pretendían los tramos horarios.

Contratos fijos sin dificultades

Ya hay 19,8 millones de puntos de suministro en el mercado libre frente a 10 millones del regulado, su mínimo histórico. Es decir, ya representan menos de un 33% del total, cuando hasta hace un año eran un 40%.

En el trasfondo de esta cuestión se encuentran las características que definen la tarifa regulada en España, un modelo único en toda Europa.

Por una parte, porque se trata de un contrato de luz vinculado directamente al precio mayorista de la electricidad. «Funciona como si el precio del abono de transportes del autobús estuviera ligado al coste diario del petróleo», explica Luis del Barrio, de Arthur D. Little. Una de sus características clave es que es la única tarifa que permite el acceso al bono social (el descuento de hasta el 70% para hogares vulnerables).

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