miércoles. 17.08.2022

El Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe), encargado de gestionar las prestaciones de desempleo y Erte de un cada vez más elevado número de personas, está en horas bajas y condenado al colapso salvo que se tomen medidas. Nunca había estado tantas veces en el ojo del huracán como este año, cuando la avalancha de ayudas y subsidios que ha tenido que gestionar se ha multiplicado por más de cinco a consecuencia de esta pandemia. Pese al innegable esfuerzo que hicieron sus trabajadores, el cobro para muchos de los afectados se retrasó incluso durante meses y al mismo tiempo se sucedieron los errores con los pagos.

Para colmo, la actividad en el organismo público se paralizó completamente el pasado 9 de marzo durante casi una semana a consecuencia de un ciberataque que bloqueó sus sistemas informáticos y que todavía le impide funcionar con total normalidad. Y a esto hay que añadir una huelga que ha convocado la Unión Sindical Obrera (USO) los dos últimos días del mes, lo que agravará aún más una situación que ya de por sí era compleja. Un golpe tras otro para un SEPE al que se le acumulan los problemas, aunque no solo a él, puesto esto también se extiende a otros organismos como el Instituto Nacional de la Seguridad Social.

Pero de nada se puede culpar a unas plantillas que están mermadas, envejecidas y sobrecargadas de trabajo. De hecho, el comportamiento de los funcionarios del Sepe fue ejemplar en plena pandemia.

El Sepe, hacia el colapso por la falta de personal y por un sistema obsoleto