domingo. 03.07.2022

La inyección de los fondos europeos puede terminar consiguiendo lo que desde hace más de un lustro parece una utopía nacional, en contraste con la realidad que supone en la UE: que el transporte ferroviario de mercancías empiece a despegar para que se vea como alternativa fiable a sus competidores por carretera. De hecho, la principal aspiración del sector es lograr una verdadera intermodalidad como sucede en otros países del continente.

Bruselas dio luz verde a finales de marzo a un plan de ayudas directas presentado por el Gobierno para impulsar el desplazamiento de cargas desde la carretera al ferrocarril con el pretendido fin de rebajar las emisiones contaminantes. Cuenta con 120 millones de euros de las arcas comunitarias y llegará hasta junio de 2026, con subvenciones cuya cuantía dependerá del volumen de mercancías que pasen del camión al tren y el tráfico.

Con ello se pretende dar un empujón a un sector que se viene moviendo en la atonía desde hace casi una década. En 2021 su cuota modal en el transporte terrestre era del 3,6% (medida en toneladas por kilómetro netas), cinco veces menos que la media europea (18%). Era, además, su registro más bajo desde 2011 y muy similar al de un 2020 claramente marcado por la pandemia.

El mejor ejercicio del transporte ferroviario de mercancías fue 2014 -las primeras firmas privadas llegaron en 2007- y aún así dicha cuota no pasó del 5,1%, mientras que los ingresos de las empresas que operan en él rozaron los 313 millones de euros frente a los 265 millones del año pasado (casi dos tercios son de Renfe), según los operadores.

Pese a estos antecedentes, en el Ministerio de Transportes creen que se podrá cumplir su programa Mercancías 30, que pretende alcanzar para este tipo de ferrocarril una cuota de mercado del 10% en 2030, triplicar el último registro oficial.

El tren de mercancías busca triplicar su cuota hasta 2030 tras lustros estancado
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