miércoles 25/11/20

Lo del burofax

El Barça es «más que un club», según Narcís de Carreras en su célebre discurso de toma de posesión de la presidencia de la entidad el 17 de enero de 1968. Un discurso glosado poco después en un histórico artículo por Manuel Vázquez Montalbán, en plena dictadura franquista. Si en aquella época, el Barcelona fue una clarísima seña de identidad de una Cataluña, posteriormente la manipulación de la institución lo acabó convirtiendo en un exaltado referente de lo que desune y separa. Lo paradójico es que en el Barça no juegan precisamente nacionalistas. La estrella más rutilante que consiguió el mundial para España, Iniesta, era de Albacete. Cruyff y Kubala, probablemente los dos mejores jugadores barcelonistas del siglo pasado, eran obviamente extranjeros. Y el mejor futbolista del mundo, Messi, no pierde su acento argentino y, harto de ser manipulado por un politiqueo pestilente, se despidió del club por burofax. La poética nacionalista se ve empañada por la ruptura burocrática y prosaica. Quizá algún día los jugadores logren que el Barça sea simplemente un club.

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