miércoles. 06.07.2022
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García-Gallardo y Mañueco se saludan en el hemiclo, ayer. NACHO GALLEGO

«Qué cara de vicepresidente se le está poniendo a Juan García-Gallardo». El vaticinio de Santiago Abascal, presidente nacional de Vox, se cumplió ayer.
Nadie sabe exactamente cómo es la cara de un vicepresidente de la Junta pero habrá que observar a García-Gallardo porque ayer se convirtió en la mano derecha —de extrema derecha más bien— de Mañueco en Castilla y León. El acuerdo se logró in extremis, en una negociación de infarto, frenética, a quince minutos de que comenzara el pleno para la elección del nuevo presidente de las Cortes de Castilla y León. 

El trato se cerró en el despacho que Alfonso Fernández Mañueco tiene en las propias Cortes, al límite del tiempo. La tensión era tanta que cuando salieron Mañueco —de facto ya presidente de la Junta— y Gallardo —su vicepresidente y nuevo socio—, los procuradores de Vox, encerrados en una habitación contigua, estallaron en un aplauso.

De esa misma habitación salió ya elegido presidente de las Cortes el procurador de Vox por León Carlos Pollán. La votación en el hemiciclo lo confirmó: Pollán obtuvo el apoyo de los 31 procuradores del PP y los 13 de su formación. Mayoría absoluta. La otra candidata, la socialista Ana Sánchez, logró los votos de los 28 procuradores del PSOE, el de Podemos y, pese a las declaraciones del día anterior y en otro de sus giros, del único representante de Ciudadanos, el exvicepresidente de la Junta Francisco Igea. Los leonesista de la UPL, Soria Ya y Por Ávila votaron en blanco.

Desde ayer, en Castilla y León la violencia de género o violencia machista ha pasado a llamarse «violencia intrafamiliar»

El pacto del PP y Vox en Castilla y León permite por primera vez a la extrema derecha llegar al poder institucional. No sólo preside un parlamento autonómico, también cogobierna con amplios poderes en una Comunidad  (en Murcia, una parlamentaria de Vox ocupa la consejería de Educación y es vital para sostener el gobierno del PP).

Alberto Núeñez Feijóo, al frente del 'nuevo PP, avaló el pacto con la extrema derecha

El Partido Popular se ha plegado en Castilla y León a todas las exigencias del partido de Abascal. No sólo logra la presidencia de las Cortes autonómicas, también la vicepresidencia de la Junta y tres consejerías —habían pedido Familia, Industria y Agricultura— y, por primera vez, poder ejecutivo.

El Partido Popular se ha plegado en Castilla y León a todas las exigencias del partido de Abascal

De entrada, ya ha marcado terreno. Desde ayer, en Castilla y León la violencia de género o violencia machista ha pasado a llamarse «violencia intrafamiliar», la Junta promoverá «una inmigración ordenada que, desde la integración cultural, económica y social, y en contra de las mafias ilegales, contribuya al futuro» de la Comunidad, la memoria histórica reivindicará «la historia común como elemento integrador para la reconciliación» y se hace hincapié en «el fenómeno delictivo de la ocupación» que se compromete a combatir, ofreciendo asesoramiento gratuito a las víctimas.

A ese discurso de Vox se sumó ayer ya Mañueco. «Hay que proteger a las víctimas de la violencia, sea la que sea, machista, terrorista, por opinión, sexo, raza...», dijo, utilizando el lenguaje del partido de Abascal.

El propio Feijóo salió sin dilación a respaldar al que se convertirá otra vez en presidente de la Junta

Mañueco insistió en que ha tenido las «manos libres» para decidir y que Alberto Núñez Feijóo, que tomará las riendas del ‘nuevo PP’, «cree y respalda la autonomía de las comunidades».

El propio Feijóo salió sin dilación a respaldar al que se convertirá otra vez en presidente de la Junta. Desde Santiago de Compostela, Feijóo culpó al PSOE  del pacto con Vox porque, acusó, no dejó opción a Mañueco, del que dijo que ha evitado así la repetición de las elecciones —los socialistas pedían un cordón sanitario a Vox en todo el territorio nacional—, y defendió como «perfectamente legítimo» el acuerdo con el partido de Abascal.

El acuerdo firmado ayer quince minutos antes de que dieran las 12 de la mañana despeja el siguiente paso en Castilla y León: Mañueco será el presidente de la Junta y Vox logra el mismo trato que Ciudadanos en la pasada legislatura, la condición indispensable para que se rubricara. A primera hora de la mañana, Santiago Abascal había anunciado desde el Congreso de los Diputados que no iba a admitir «ningún tipo de desprecio ni humillación» y que sin acuerdo sobre quién ocuparía la presidencia de las Cortes de Castilla y León no iban a apoyar la investidura de Alfonso Fernández Mañueco.

«Celebramos un acuerdo sensato, sin ganadores y perdedores. Hagamos entre todos, con voluntad de diálogo y acuerdo, una legislatura provechosa para los ciudadanos», subrayó García-Gallardo en Twitter.

También Mañueco usó esa red social para anunciar el pacto en la Junta. «Hemos llegado a un acuerdo de legislatura con Vox sobre la base de un programa al servicio de las personas de Castilla y León y que permita un Gobierno estable y sólido con pleno respeto al orden constitucional y al Estatuto de Autonomía de Castilla y León», anunció Fernández Mañueco a escasos minutos de comenzar la sesión constitutiva de la XI Legislatura. 

Presidir las Cortes y tener mayoría en la Mesa bien merece llevar la negociación hasta el infarto

Pollán, un exjugador del Ademar que acabó presidiendo el club y dimitió cuando estaba al borde de la desaparición, acuciado por deudas y sumido en un concurso de acreedores, recuperó ayer para su discurso tras ser investido presidente de las Cortes autonómicas una palabra en desuso —«decoro»— y concluyó su intervención con un «viva León, viva Castilla y viva siempre España», por ese orden. 

El pacto recibió un aluvión de críticas, incluido del PP europeo. Su presidente, Donald Tusk, rechazó el acuerdo y dijo que esperaba que fuera un «accidente» y no la norma en España.

La Mesa de las Cortes de Castilla y León queda bajo la presidencia de Carlos Pollán (Vox), con los vicepresidentes Paco Vázquez (PP) y Ana Sánchez (PSOE). Como secretarios fueron elegidos Fátima Pinacho (Vox), Rosa Esteban (PP) y Diego Moreno (PSOE)

Presidir las Cortes y tener mayoría en la Mesa bien merece llevar la negociación hasta el infarto. El presidente no sólo dirige los debates, también administra el tiempo de las intervenciones, mantiene el orden y ordena los pagos de los salarios y otros gastos. Por sus manos pasan las preguntas, las proposiciones de ley, los proyectos de la Junta y puede tumbar iniciativas e informes. Y, sobre todo, sabe todo lo que sucede en las Cortes. Un poder que desde ayer tiene el leonés Carlos Pollán. Y Vox.

Abascal acertó: Garcia-Gallardo tenía cara de vicepresidente
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