lunes. 28.11.2022
A fondo

De la generación walkman y el reinado del carbón a Spotify y la despoblación

En 1983, León registraba tres veces más nacimientos que ahora y una canción de las Vulpes demostró que España todavía olía a naftalina
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El último día de 1983, un jovencísimo y ya popular Michael Jackson irrumpió en las pantallas de los televisores de toda España —aquellos que tenían una caja de medio metro de profundidad— con un vídeo musical de catorce minutos de duración inspirado en los clásicos del terror. Thriller, que catapultó a Jackson al estrellato mundial, se estrenó en el especial de Nochevieja de un país que solo veía una cadena, Televisión Española, cuando Martes y Trece eran tres y una barra de pan costaba alrededor de quince pesetas. Era la España de la Movida de Alaska y Dinarama, de Mecano y de Tino Casal; la de los 202 diputados del PSOE de Felipe González y la expropiación de Rumasa, la España que tenía ganas de vivir libre, en la que surgió Castilla y León.

En 1983, se celebraron las primeras elecciones autonómicas y rugió el ‘León solo’ que no logró su propósito de quedar al margen de la flamante comunidad. Detrás de ese movimiento, el germen del hoy PP que proclama el sistema de las autonomías. Sí, casi 40 años después, las cosas han cambiado mucho, aunque no todas. Basta con mirar hacia Rusia —entonces URSS— y Estados Unidos, porque en noviembre de 1983, en la Europa todavía seccionada por el muro de Berlín, la amenaza de guerra que ahora vuelve a ensombrecer el viejo continente fue real. Y otra crisis sanitaria —la mayor que hasta entonces había vivido España— seguía siendo una incógnita dos años después del primer caso.

La intoxicación masiva provocada por el consumo de aceite de colza adulterado causó miles de muertos y afectados y sorprendió a los sanitarios a principios de los 80, que empezaron a tratar aquel envenenamiento como una neumonía atípica. Todavía en el 83, el origen era desconocido y las teorías conspiratorias no tardaron en aparecer al igual que hoy envuelven la irrupción del coronavirus.

Donde hoy no queda nada de lo que fue la minería del carbón, en el 83 estaba todo. Sobre todo, la abundancia. El año terminó con la concentración de 2.000 mineros llegados de diferentes puntos de España en Villablino. Convocados por CC OO y USO, quisieron presionar para conseguir un estatuto de los mineros «justo». Un nuevo marco legal que fue aprobado el 21 de diciembre e introdujo cambios en la duración de la jornada y en los coeficientes reductores. Incluía también la medicina preventiva, entre otras cosas.

La España llena

Por aquel entonces acababa de arrancar la central térmica de Anllares que ya es historia y todavía corría el tren minero —hoy convertido en aspiración turística— junto al Sil, entre el Bierzo y Laciana. Nada hacía presagiar que esa misma sería hoy parte de la España Vaciada que busca alternativas industriales mientras se desangra de población. El León de 1983 tenía 73.483 habitantes más que el de ahora —según los últimos datos del INE— y nacieron alrededor 3.800 niños más que en la actualidad. Había necesidad de vivienda y empezaron a surgir los complejos residenciales, como el Residencial Quevedo de León, con 381 pisos de protección oficial.

Los cambios sociales

La reforma laboral que ayer centró el debate en el Congreso de los Diputados para poner coto a la temporalidad y freno al paro juvenil y alzar los salarios también fue noticia el año en el que España logró la fecundación in vitro, puso fin a la pena capital con la abolición del uso del garrote vil y se despenalizaron tres supuestos de aborto (hoy, se trabaja ya en una reforma legislativa para que la sanidad pública garantice este derecho y se ha puesto la primera piedra para penalizar el acoso a las mujeres que desean abortar). Aquella ley laboral de 1983 estableció las 40 horas semanales de trabajo y los 30 días de vacaciones al año. Eran los ‘Años de plomo’ de la ya disuelta banda terrorista ETA, que asesinó a 44 personas entre enero y diciembre del 83.

No controles (Olé Olé), Barco a Venus (Mecano) y Sunday Bloody Sunday (U2) fueron parte de la banda sonora de una generación que no quería guardarse nada. Me gusta ser una zorra, de las Vulpes, fue uno de los mejores ejemplos, con alto contenido sexual y un lenguaje inmoral para un país que todavía olía a naftalina. Se presentó en abril de 1983 en el programa Caja de Ritmos (TVE) y fue un escándalo. Hoy día, una canción que elogia el poder de las tetas y reivindica el feminismo, Ay mama, se ha convertido en un himno a las puertas del Festival de Eurovisión.

Precisamente, el estallido feminista y la plenitud de derechos del colectivo LGTBIQ ha sido uno de los grandes logros que diferencian la España en analógico de la digital. Y Eurovisión no ha dejado de dar de qué hablar. De hecho, en 1983 se habló mucho de los cero votos de Remedios Amaya —la primera mujer gitana que acudió al festival— con ¿Quién maneja mi barca?. Fue el mismo año en el que la Selección Española ganó por doce goles a uno a Malta y Volver a empezar, de José Luis Garci, se hizo con el Óscar a mejor película de habla no inglesa. El primero de la historia del cine español.

De analógico a digital

El desarrollo tecnológico ha sido el protagonista indiscutible de los últimos 40 años. En la era del 5G, de la televisión ligada a Internet, de Spotify, de los smartphones que hacen de todo y de las videoconsolas de novena generación parece impensable que la música se almacenara en una cassette con una capacidad máxima de dos horas de grabación que se escuchaba en el walkman de Sony y los vídeos en una VHS de un máximo de cuatro horas. Era la etapa del Teletexto, de los primeros y pesados ordenadores personales y de La Abadía del Crimen, uno de los juegos de 8 bits más recordados, con solo cuatro colores. Ahora, los videojuegos son como grandes producciones cinematográficas.

El Motorola Dynatac, que pesaba 800 gramos, fue el primer teléfono móvil que llegó a España, precisamente en 1983, cuando las fotografías había que revelarlas y para viajar se utilizaban los mapas. Hoy en día, Google Maps permite conocer la posición exacta con un margen mínimo de error. El Renault 9, una berlina convencional con cuatro puertas y tres volúmenes, fue el coche del año e incorporó innovaciones como los asientos basculantes y más espacio para los pies. Solo alcanzaba a los 140 kilómetros por hora de velocidad punta, lo que quizás sepa a poco en la era de la gran cilindrada, la de los coches híbridos y los eléctricos de primera generación.

Han pasado casi cuatro décadas desde aquel año en el que se aprobó el Estatuto de Autonomía de Castilla y León, pero Thriller sigue siendo el videoclip más influyente de la historia de la música.

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