jueves 19/5/22
                      El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. JAVIER LIZÓN
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. JAVIER LIZÓN

«Impulsivo, impaciente y un tanto intransigente». «Directo y excesivo en el tono, algo muy molesto para quienes declaran». «Lo tiene todo menos la templanza y no toma distancia cuando coge un caso con ganas». «En su juzgado hay que contestar a sus preguntas si quieres tener una opción de archivo». Adolfo Carretero es un magistrado que no deja indiferente a nadie. Tampoco a estos cuatro abogados consultados que han sufrido en sus carnes el carácter de este valenciano de raíces pero afincado en Madrid, que este mes cumplirá 64 años, de los cuales 29 los ha pasado en un juzgado de instrucción. Protagonista del mediático ‘caso mascarillas’ por su áspero interrogatorio a Luis Medina y Alberto Luceño, no es casualidad que durante unos días se haya dejado de hablar de la millonaria comisión «’pa la saca’» que se llevaron por el contrato sanitario con el Ayuntamiento de Madrid para mover el foco hacia la figura de este peculiar togado. Porque Adolfo Carretero representa a esa cada vez más pequeña proporción de jueces —un 6,5%, según el último informe del CGPJ— que cuenta con familiares dentro de la judicatura. En este caso su hermano Agustín, ex alto cargo del gobierno regional, que hoy ejerce en un juzgado de Alcorcón (Madrid). Pero antes, como fuente de inspiración, estuvo su padre, del mismo nombre, que fue magistrado del Tribunal Supremo y presidente del Tribunal Cuentas entre 1990 y noviembre de 1994, un mes antes de su fallecimiento a los 68 años. E incluso su abuelo también se dedicó a la judicatura. «Adolfo es un auténtico pata negra», describen. «Llevamos dentro de la familia un sentido de la justicia que nos permite plasmarlo perfectamente en esta profesión», explicaba Carretero hace unos años a una diario universitario para explicar esta vinculación familiar.

Sus casos más sonados

En su mesa del despacho del Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid, donde ejerce desde hace 12 años, estaba —o sigue estando— la foto de su padre saludando al rey Juan Carlos junto a una pequeña estampa religiosa. Desde ese escritorio ha instruido otros casos que también saltaron a los medios. Procedió contra el cómico Dani Mateo por un delito de ultraje a la bandera tras admitir una denuncia de un sindicato policial (se sonó la nariz con la enseña nacional en un ‘gag’); investigó a la monja sor María Gómez por un caso de bebés robados; innovó en el caso del ‘clan de las bosnias’ dictando una orden de alejamiento del Metro para evitar los hurtos; y mantuvo un año imputada a la periodista Pilar Velasco por una información sobre la presunta corrupción del entonces vicepresidente madrileño Ignacio González. En este caso llegó a cuestionar el derecho al secreto profesional de las fuentes y un magistrado de la Audiencia de Madrid, en el auto de archivo, acusó a Carretero de poner en riesgo la «libertad de prensa». Del carácter del juez «del 47», como le conocen, también hace mención un compañero de toga. Recuerda las duras críticas que vertió contra él en un congreso de su asociación judicial, la moderada Francisco de Vitoria, cuando se presentó una ponencia sobre la necesidad de presentar vocales al Consejo General del Poder Judicial. «Me atacó en público con mala educación, de forma hiriente y aberrante», rememora.

Adolfo Carretero: el juez ‘pata negra’ que atiza sin perdón a los comisionistas