sábado. 13.08.2022

Todo listo para el gran momento en el que el Gobierno lleva trabajando desde hace un año. La Otan está preparada para exhibirse ante el mundo, eso sí con una Madrid convertida en un verdadero búnker y en una ratonera para los 3,2 millones de habitantes de la ciudad.

La capital de España acoge desde hoy y hasta el jueves la trigesimosegunda cumbre de la Otan. Una cita en la que el Ejecutivo de Pedro Sánchez pone buena parte de sus esperanzas para remontar la legislatura a expensas de darle el último empujón durante la presidencia española de la UE en la segunda mitad de 2023.

Pero más allá de la política nacional, la cita de la Alianza en Madrid se ha convertido en la más decisiva de la Otan desde el fin de la guerra fría. La cumbre que comienza este martes en principio se había diseñado más como una celebración de aniversario de los 40 años de adhesión de España a la alianza y de conmemoración del 25 aniversario de aquella cumbre de 1997 de Madrid que consagró a España como uno de los principales miembros del pacto atlántico.

Las semanas de tensión creciente con el Kremlin en invierno y la decisión de Putin en febrero de invadir Ucrania provocaron un rediseño apresurado de la cumbre, que desde entonces ha seguido evolucionando en función de los acontecimientos. La decisión de Finlandia y Suecia el pasado mayo de pedir el ingreso en la Otan ante el expansionismo ruso y el bloqueo de Lituania, uno de los últimos socios atlánticos, al enclave ruso de Kaliningrado en los últimos días, ha redoblado las amenazas del Kremlin a la propia Otan y ha provocado que hasta el programa de la reunión se haya alterado, por enésima vez, ayer mismo.

Pero en Moncloa, a punto de que Biden y las 40 delegaciones aterricen en Madrid, no hay intranquilidad por esos cambios de última hora de agendas y programas. En realidad en Presidencia solo hay un temor, la seguridad, y una inquietud: los problemas de movilidad que va a generar la gran cita atlántica. En el Gobierno -insistieron este lunes- están convencidos de que no habrá ningún problema grave con la logística. Los más de 50 millones de euros gastados en los preparativos encargados a las empresas más punteras garantizan el éxito.

La Alianza convierte Madrid en un búnker para su cumbre más decisiva desde la Guerra Fría
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