miércoles. 10.08.2022

El mensaje había llegado nítido desde algunos territorios socialistas que deben someterse al veredicto de las urnas en poco más de diez meses, especialmente, desde Aragón y Castilla-La Mancha. Pedro Sánchez tenía ante sí dos caminos para tratar de remontar el vuelo tras la dolorosa derrota de su partido, y de toda la izquierda, en las elecciones del 19 de junio en Andalucía: hacer caso a esos barones que le instaban a romper amarras con Unidas Podemos o unir aún más su destino al bloque de la investidura, del que también forman parte Esquerra y EH Bildu. Con el matiz de su apuesta por aumentar el gasto en Defensa pese al rechazo frontal de sus socios de oposición, ha optado por lo segundo. Y el espejo de Mario Draghi en Italia hace que en Moncloa se sientan reafirmados. El primer ministro italiano vio esta semana cómo uno de sus principales socios de coalición, el Movimiento 5 Estrellas, negaba el apoyo en el Senado a una votación para sacar por la vía rápida un decreto de su Gobierno con ayudas contra la inflación. Aunque contó con los apoyos necesarios para convalidarlo, Draghi entendió que debía presentar la dimisión.

Sánchez cuenta con la ventaja de que, como ha quedado demostrado esta semana tanto en el debate sobre el estado de la nación como en su reunión con el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, ninguno de sus aliados encuentra beneficio alguno a provocar una ruptura en estos momentos. Pero en todo caso, sí necesitaban gestos que permitieran justificar su respaldo ante las bases y los votantes.

Unidas Podemos lo venía reclamando de forma insistente y el presidente del Gobierno ya dio una primera pista de que había tomado nota al incluir en su segundo real decreto anticrisis medidas de las que ellos habían hecho bandera como la ayuda de 200 euros a las familias vulnerables, la reducción del precio de los abonos de transporte público o la subida en un 15% de las pensiones no contributivas (pactadas previamente con Bildu). Pero, sobre todo, al prometer un impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las energéticas, al que sumó este martes un gravamen para la banca, y envolver además la decisión en un discurso contra supuestos «poderes económicos» que buscan «quebrar» a un Gobierno que les resulta «molesto». Ni el Ejecutivo ni los partidos que lo respaldan se llaman a engaño sobre los efectos a largo plazo de su efectista y muy medido giro a la izquierda. Sánchez defendió que su plan servirá para contener en 3,5 puntos la inflación. Pero si en algo coincidieron oposición y aliados del Gobierno durante el debate del real decreto ley en el Congreso fue en que la mayor parte de las medidas aprobadas son meros «parches» que no atacan la raíz del problema y que incluso puede agravarlo porque alimentan el gasto y con ello la espiral inflacionista.

Apuesta por capear la inflación bajo el ala de sus socios ‘indepes’