domingo 29/5/22

Que la imagen de la vida parlamentaria está en sus horas más bajas se constata a diario en la propia Cámara pero también la calle, en las redes sociales o en los análisis políticos. Ni en lo peor de la pandemia los partidos lograron una tregua en el enfrentamiento. Más bien al contrario: lo han hecho crecer sin parar. «Se puede identificar una dinámica centrífuga, según la cual existe una inercia que favorece que los extremos políticos se alimenten entre sí, arrastrando a sectores moderados a participar en de esa misma dinámica de confrontación y de bloques antagónicos, que se definen ante la ciudadanía más por su oposición a los partidos rivales que por sus propios posicionamientos ideológico o sus propuestas de gobierno», explica Ramón Villaplana, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Murcia.

La sucesión de monólogos en lo que debería ser un debate de ideas, incluye demasiado a menudo descalificaciones y exabruptos impropios del escaño que ocupan sus señorías. «¿Qué coño tiene que pasar para que usted asuma responsabilidades?», le espetó el pasado miércoles Pablo Casado a Pedro Sánchez, entusiasmando a las filas del PP y soliviantado a las del PSOE. «No van a salir de la radicalidad», lamentan los socialistas.

La escalada en la crispación crece desaforada sin que nadie logre ponerle fin. Pleno a pleno los miembros de la Mesa se desgañitan llamando al orden y al decoro sin que muchos de los diputados se den por aludidos. No hay acatamiento a la mayoría de las apelaciones de la autoridad en la Cámara y no hay el más mínimo propósito de reconducir la situación. La presidenta, Meritxell Batet, ha dado varios toques de atención advirtiendo del deterioro de la convivencia parlamentaria y la pérdida de confianza ciudadana en la institución pero, una y otra vez, caen en saco roto.

Todos los grupos reconocen el enconamiento, pero culpan al adversario. «No hemos trasladado una crispación, nosotros trasladamos una realidad y una sesión de control vibrante e intensa porque queremos respuestas», defiende la portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra.

«Siempre ha habido momentos broncos en política», señala el profesor Villaplana. Sin embargo, con la variedad actual de medios y de redes sociales, el politólogo avisa de que «cualquier personaje político puede conseguir la atención de miles de personas por sí mismo, aumentando la sensación de ruido y las polémicas, por encima de otras cuestiones de mayor relevancia».

El Congreso se encanalla pese a los llamamientos a la concordia
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