domingo. 14.08.2022

La cuenta atrás para las elecciones convierte a Yolanda Díaz en oposición en el Gobierno

La vicepresidenta endurece el tono y entra en la dinámica del conflicto con el gasto militar como argumento
                      La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante la presentación el viernes de su proyecto «Suma» en el espacio cultural El Matadero, en Madrid. ZIPI ARAGÓN
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante la presentación el viernes de su proyecto «Suma» en el espacio cultural El Matadero, en Madrid. ZIPI ARAGÓN

Algo se rompió esta semana en el Gobierno y el cambio no es menor. Yolanda Díaz se había mostrado hasta ahora dispuesta a desdeñar a Podemos para amortiguar el ruido interno en la coalición. Su llegada a la vicepresidencia, por designación directa de Pablo Iglesias, supuso de hecho un alivio para los socialistas: siempre fue evidente que no seguiría la estrategia de permanente alimentación del conflicto cultivada por su predecesor. Pero ese equilibrio interno saltó por los aires el lunes.

Díaz sacó las uñas tras conocer, según aseguró, por los medios que el Consejo de Ministros del día siguiente aprobaría ya un crédito extraordinario de mil millones de euros para Defensa sin atender a los reparos que su espacio político llevaba días, desde que acabó la cumbre de la Otan, manifestando.

No es el primer incremento de gasto militar que se ha aprobado este año con cargo al fondo de contingencia de los Presupuestos, una fórmula que permite esquivar el debate en el Congreso y que, como recuerdan en Moncloa, es muy habitual, entre otras cosas, porque el gasto en el que tiene que incurrir Defensa suele estar al albur de la duración y evolución de las misiones internacionales en las que participa España y no siempre es fácil de determinar con antelación.

La diferencia, en esta ocasión, fue el momento elegido y la publicidad que el ala socialista quiso dar al asunto, apenas unos días después de molestar a sus socios con el anuncio del compromiso adquirido ante la Otan para ir elevando el gasto militar hasta el 2% del PIB (hoy está en el 1,01%) de aquí a 2029.

UNA PUÑALADA

Podemos y la propia Díaz lo vivieron como una puñalada. No ayudó tampoco el hecho de que la ministra de Defensa, que mantiene una pugna ya crónica con la secretaria general del partido morado y ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, metiera cizaña directamente contra la ministra de Trabajo, que hasta ese momento había estado más bien cauta a la hora de recordar que no es partidaria, como principio, de aumentar las partidas dedicadas al Ejército. Robles apuntó, además, hacia donde más daño sabía que podía hacer al conminar a Díaz a explicar en su comarca, Ferrol, que quiere que Navantia deje de construir fragatas para la Armada.

En Moncloa aseguran que ese tipo de provocaciones no están en absoluto medidas. Los dos socios del Gobierno tienen ahora pendiente celebrar una reunión, solicitada el martes por la propia Díaz, para zanjar esta nueva crisis.

En los últimos días ambos se han esforzado en dejar claro que lo que en ningún caso corre peligro es la coalición y que siguen determinados a concluir la legislatura, como siempre.

No es la primera vez que el PSOE y Podemos exhiben sus diferencias sobre asuntos sustanciales. Les separan la posición sobre la monarquía, el derecho de autodeterminación, la política migratoria, la relación con Marruecos... Pero ahora hay un elemento nuevo sobre la mesa. La cuenta atrás para un nuevo ciclo electoral ha comenzado.

El viernes, Yolanda Díaz lanzó por fin Sumar, su proyecto para las generales que deberían tener lugar, si no hay adelanto, a finales de 2023. La política gallega ha dejado claro en más de una ocasión que en su «proceso de escucha» no busca atraer únicamente al electorado situado a la izquierda del PSOE sino que su aspiración es mucho más transversal.

Los socialistas temen que a partir de ahora busque tanto una suerte de reconciliación con las dirigentes de Podemos, con las que se había abierto una brecha en el último año, como marcar perfil propio, lo que podría traducirse en más episodios como el vivido esta semana.

10 meses para las elecciones

La coalición ha llegado al verano de 2022, a diez meses de las autonómicas y municipales del próximo año, en un contexto muy complejo. Pedro Sánchez no preveía este escenario cuando, hace justo un año, el 10 de julio de 2021, sorprendió a propios y extraños en pleno fin de semana con una remodelación de su Gobierno mucho más profunda de lo que hasta entonces se había presagiado.

La explicación que dio para esa revolución interna, en la que cayeron tres puntales del Ejecutivo —su jefe de gabinete, Iván Redondo, la vicepresidenta, Carmen Calvo, y el titular de Transporte y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos— fue que tras la pandemia se entraba en una nueva fase de bonanza y que debían ser otros rostros, menos quemados, los que pilotaran la «recuperación justa». Pero la inflación, esa máquina de generar descontento que ya hizo su aparición antes de la guerra de Ucrania y se ha agravado después, ha echado por tierra todos sus cálculos.

Sánchez hizo esa crisis para tomar impulso tras el descalabro electoral del 4 de mayo en Madrid. En febrero de este año los socialistas y los morados perdieron las elecciones en Castilla y León y encajaron otra severa derrota, aun más dolorosa, el pasado 19 de junio en Andalucía. Según el CIS, hasta un 17,6% de antiguos votantes del PSOE optaron por el popular Juanma Moreno, que también atrajo a un 4,5 de exvotantes de Adelante Andalucía.

En Podemos argumentan que la manera de levantar el vuelo es emprender un claro giro a la izquierda y acusan a los socialistas de timoratos. El PSOE defiende que ha demostrado gobernar para una «mayoría social» y echa en cara a sus socios que insistan en generar un ruido que solo interesa a la derecha y eclipsa medidas de las que ambos podrían sacar pecho como el dentista gratuito para menores de 14 años o la estabilización de 67.000 plazas de sanitarios.

Díaz afirmó el miércoles que entre ella y Sánchez explorarían todas las «fórmulas imaginativas» para alcanzar un acuerdo no sólo acerca del presupuesto de Defensa sino sobre medidas para paliar el «sufrimiento» de la gente. La negociación de las Cuentas públicas se presenta empinada.

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