jueves 26/11/20

Un debate sin insultos y con los nombres de las víctimas de ETA

El PSOE promueve durante el pleno la condena a los mensajes de odio
Lesmes, presidente del CGPJ. EFE
Lesmes, presidente del CGPJ. EFE

Los nombres de los más de 800 asesinados por ETA resonaron este miércoles con fuerza en el Congreso de los Diputados. En medio de un silencio atronador, el líder de Vox, Santiago Abascal, rindió homenaje a las victimas de la banda terrorista nueve años después del cese de su actividad armada. Treinta minutos, en los que el aspirante a la Moncloa leyó uno a uno todos los nombres como hiciera en 2013 el entonces presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, en la Cámara de Vitoria. Un silencio roto por los aplausos de los parlamentarios de su formación, del PP, Navarra Suma y Foro Asturias y que se instaló de fondo en el hemiciclo durante todo el pleno. Hubo que esperar a la intervención de la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, ya avanzada la tarde, para que se produjera el primer revuelo en las bancadas y se escucharan los primeros insultos. Hasta entonces ni una salida de tono, ni un pataleo, ni tan siquiera una voz altisonante en las bancadas.

El discurso inicial de Abascal y de su telonero Ignacio Garriga, en su puesta de largo como candidato de Vox a las elecciones catalanas, fue seguido con hastío y bostezos por la mayoría de los diputados presentes en la Cámara baja. Con el aforo reducido a la mitad por las medidas sanitarias impuestas en Madrid, los representantes que sí acudieron al Congreso parapetados tras sus mascarillas y provistos de botellitas de gel hidroalcohólico, prestaron más atención a sus móviles que a la tribuna de oradores.

Allí subió Abascal conocedor de que su moción de censura no prosperará pero dispuesto a conquistar a los votantes del PP a través de la pantalla del televisor. El candidato desplegó durante horas su mensaje contundente e hiperbólico frente a lo que considera tibieza de la formación de Pablo Casado, que aún sigue deshojando la margarita sobre qué botón apretar si el de la abstención o el del no, como parece más probable.

Sin su habitual corbata verde, el color de su partido, Abascal se erigió en el defensor de España y de la Monarquía frente a un «proceso revolucionario y golpista» y contra casi todo, desde el Estado autonómico hasta China, pasando por Europa y el multilateralismo. «Se trata de detener el proceso de destrucción de España», aseguró el líder de Vox, cuyo discurso recordó al Donald Trump.

Golpe de efecto

En primera fila, un despreocupado Pedro Sánchez, más pendiente de los mensajes que le llegaban a su teléfono que de seguir al de talle la intervención de Abascal. El socialista no repartió juego entre sus ministros y llevó la replica a Abascal en solitario.

El golpe de efecto llegó mientras el líder de Vox se enfrentaba a los partidos minoritarios y sin la presencia ya en el hemiciclo de ningún miembro del Ejecutivo. En ese momento, el PSOE promovió la firma de un manifiesto «en favor de la democracia» y en el que rechazan los discursos de «odio» de la extrema derecha, así como «cualquier tipo de apoyo» político. El texto fue rubricado por su socio en el Gobierno, Unidas Podemos, y otros nueve grupos. Solo faltó la firma del PP y Ciudadanos.

La nota de color la pusieron tres diputadas de Podemos que se sientan de forma contigua y que acudieron vestidas cada una con el color de la bandera republicana. Pura coincidencia, dijeron. Fuera, en cambio, predominaron los colores de la bandera nacional que portaron en sus paraguas medio cententar de seguidores de Vox de guardia frente al Congreso.

Un debate sin insultos y con los nombres de las víctimas de ETA