martes 17/5/22
                      Alberto Núñez Feijóo, ayer, junto al monolito dedicado a Manuel Fraga. ELISEO TRIGO
Alberto Núñez Feijóo, ayer, junto al monolito dedicado a Manuel Fraga. ELISEO TRIGO

Cuando Manuel Fraga sufrió una lipotimia en el Parlamento en 2004, en pleno discurso del debate sobre el estado de la autonomía, se negó hasta tres veces a «descansar un poquito», como le pidió el conselleiro de Sanidad, a quien al final le espetó: «He dicho que no».

Esta frase bien podría haber ido seguida de otra de sus contundentes expresiones: «... y punto!». Pero, al final, ante la insistencia de varios diputados, médicos de profesión, Fraga salió del hemiciclo. Cuando retomó la palabra una hora después, lo primero que hizo fue expresar una «disculpa y petición de perdón» porque esta indisposición le había impedido cumplir con su deber.

Así era Manuel Fraga Iribarne (Vilalba 1922-Madrid 2012), don Manuel o el León de Vilalba, que murió hace hoy una década y de cuyo nacimiento hará en noviembre cien años. Su contundencia, brusquedad, e incluso mal humor, iban a la par que su capacidad de trabajo. Después de aquel episodio, que muchos vieron como «el último de su vida política» —como le dijo el entonces líder del BNG Xosé Manuel Beiras—, aún volvió a presentarse a unas elecciones, que ganó pero sin mayoría absoluta para gobernar, y pasó cinco años en el Senado haciendo madrugar al personal y dando trabajo extra a los estenotipistas para seguir sus intervenciones.

Una década después, al PP no lo conoce ni el padre que lo fundó. En Galicia, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ha dejado ya su impronta igualando el récord de Fraga con cuatro mayorías absolutas.

En todo caso, en la comunidad gallega siempre habrá un antes y un después de Fraga. Al igual que en el PP nacional, donde los sucesivos relevos han desdibujado la figura de aquel político de raza que estuvo en ejercicio durante la dictadura, la transición y la democracia sin bajarse del coche oficial. Fraga fue ministro franquista, embajador, diputado en el Congreso, eurodiputado, presidente de la Xunta, senador... y un largo etcétera de cargos —aparte de ponente de la Constitución y fundador del PP— que hacen difícil resumir su biografía, mayormente política con lo personal siempre en un segundo plano.

Ahora Fraga sería protagonista de memes y trendic topics en muchas jornadas, por sus comentarios ácidos y políticamente incorrectos sobre casi todo.

Será, eso sí, el tema central de una obra de teatro, Iribarne, que prepara ButacaZero para 2023, sobre la importancia del político gallego y su «legado» tanto en Galicia como en España.

Un legado político del que el presidente del Parlamento gallego, Miguel Santalices (PP), destaca su «apuesta por el autogobierno» con la transferencia de las competencias sanitarias para Galicia, y su labor como «padre» de la Constitución, así como la fundación de un partido «fundamental» en la transición. De sus características más personales, valora especialmente su «clarividencia» para afrontar los problemas y su categoría como «un estadista». Pero sobre todo «su honradez», ya que fue un hombre que «vivió siempre como un funcionario público ejemplar».

En esta década sin Fraga en la vida política ha pasado de todo, menos la reforma de la Constitución, o la del Senado, una de las tareas que creía que estaba pendiente. También se ha terminado la construcción de la Cidade da Cultura, en Santiago de Compostela, pero muy distinta a aquel macroproyecto arquitectónico que fue su «sueño». y en el que muchos vieron un «mausoleo».

Una década sin Fraga... y punto!
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