lunes. 28.11.2022

Detenido y abatido el pistolero que hirió a cuatro personas en Tarragona

Un guardia de seguridad dispara contra tres excompañeros y un mosso en su empresa
                      Control policial en la masía donde se atrincheró el fugado. ENRIC FONTCUBERTA
Control policial en la masía donde se atrincheró el fugado. ENRIC FONTCUBERTA

Tarragona vivió ayer un suceso de película, con tiroteos, fuga, persecución policial a toda velocidad y atrincheramiento de un pistolero, aunque en este caso y a diferencia del cine las balas eran de verdad.

Sobre la media tarde, los Mossos «neutralizaron y detuvieron», después de un intercambio de disparos, a un hombre de 45 años que se había encastillado en una masía abandonada para huir de la Policía catalana. Acababa así una persecución que duró horas y que empezó hacia las 11:15 de la mañana, cuando el presunto pistolero, exguardia de seguridad, entró en la delegación de la empresa Securitas en la ciudad de Tarragona y abrió fuego contra algunos de los empleados.

El hombre, de origen rumano, disparó contra tres trabajadores de la compañía, uno de ellos el gerente, que al cierre de esta edición se encontraba ingresado en el hospital en estado crítico. Otros dos compañeros resultaron también heridos en el ataque, ambos de gravedad. Se lió a tiros tras una discusión y una pelea posterior con los que habían sido sus compañeros hasta hacía pocos días.

El exvigilante, ataviado con un chaleco antibalas y varias armas, según fuentes policiales, huyó primero a la carrera y luego en coche. Ahí empezó la persecución policial. En su huida, el pistolero se saltó un control policial en una rotonda, disparando contra un agente, que también resultó herido, si bien su vida no corría peligro. Tenía heridas de bala, pero no en órgano vitales.

A las afueras de la localidad de Riudoms, a unos 20 kilómetros de donde había atacado la empresa de seguridad en la capital tarraconense, halló una masía abandonada, donde se atrincheró durante dos horas. Testigos de la zona avisaron a la Policía de su presencia.

Primero intervino la unidad de secuestros y extorsiones, pero según fuentes policiales, se negó a negociar y no quiso entregarse. Entonces, los agentes dispararon tiros intimidatorios. Y tras un intercambio de disparos, que inició el pistolero, de acuerdo a la versión policial, el grupo especial de intervención (los GEOs de los Mossos) logró detenerle. Fue abatido en la vieja casa donde se había refugiado.

Los sanitarios le atendieron en el lugar de lo hechos y fue conducido en estado crítico en un helicóptero. En la intervención ante la masía, ningún agente resultó herido.

El propio mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, siguió de cerca la actuación. Al parecer, habría actuado a modo de venganza tras ser despedido o tener algún problema económico con la compañía de seguridad. El jefe de la Región Policial del Camp de Tarragona de los Mossos d’Esquadra, Josep María Estela, aseguró que actuó de forma «premeditada» y reaccionando en todo momento de forma muy violenta. Respondía, según el mando policial, a un perfil de persona «muy peligrosa» por la cantidad de armas que llevaba encima.

«Más de una y más de dos», según el jefe policial, que no precisó el tipo de armas (alguna era una escopeta de largo alcance) que empleó pues forma parte de la investigación penal. Los vigilantes de seguridad no llevan pistola pero en su caso tenía las licencias para armas de tipo deportivo.

El comisario de los Mossos tampoco quiso hablar del litigio laboral que tenía el presunto atacante con la empresa asaltada. Sí trascendió que el hombre envió correos electrónicos a los que habían sido sus jefes para insultarles con calificativos como «ladrones y racistas». Acompañó el email con fotos en las que aparecía con el arsenal empleado en su venganza.

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