domingo. 26.06.2022

Díaz orilla a Podemos y se abraza a Errejón para hacer su «frente amplio»

La vicepresidenta segunda no tiene para su proyecto nacional un partido que la respalde
                      Íñigo Errejón y la vicepresidenta Yolanda Díaz sellan con un abrazo su acuerdo. MIGUEL OSÉS
Íñigo Errejón y la vicepresidenta Yolanda Díaz sellan con un abrazo su acuerdo. MIGUEL OSÉS

Yolanda Díaz al fin dio el paso. Lo hizo en Córdoba, en el marco de unas elecciones andaluzas que, a tenor de las encuestas, pintan bastos para la izquierda, PSOE y sus extremos incluidos. La vicepresidenta segunda del Gobierno confirmó lo que era un secreto a voces: que dará un paso adelante y se presentará a las elecciones generales que Pedro Sánchez, mantiene el presidente socialista, no se celebrarán antes de finales de 2023.

«Si he estado nueve meses junto a la compañera Ione Belarra —la secretaria general de Podemos y ministra de Derechos Sociales— peleando para subir el salario mínimo interprofesional de 15 euros, no por nosotros sino por vosotras, estoy dispuesta a dar un paso para ganar España», justificó en Andalucía la dirigente gallega.

El caso es que al día siguiente de compartir escenario con Belarra, a Díaz le tocó protagonizar otro con Íñigo Errejón, y no es causalidad que Belarra, Montero o Errejón rehusen compartir butacas ni pidan el voto al unísono en los mítines. Desde la dramática escisión de Vistalegre II en 2017, Podemos continúa roto. La vicepresidenta trata de recoser ahora costuras con parches, no obstante, lo rencores personales se antojan lejos de olvidar.

«Querido Íñigo, nos conocemos desde hace mucho tiempo y lo mejor está por llegar», trató de apaciguar la ministra desde Málaga. Buenas palabras de unidad según cómo se reciban.

La apuesta de Díaz es complicada. Para sacar adelante su proyecto de un «frente amplio de izquierda», similar al del uruguayo José Mújica y que tiene como modelos primero deberá reconstruir el espacio a la izquierda del PSOE. Nada fácil dadas las circunstancias.

Por Andalucía acude a estas elecciones separada de Andalucía adelante, la lista que lidera la exdirigente de Podemos Teresa Rodríguez, quien fue expulsada del partido morado por defender las tesis anticapitalistas que, a su vez, impulsaron el nacimiento de la formación, Ni Belarra, ni Errejón, ni Rodríguez quieren entenderse; y en medio de esos escombros que quedan de Podemos se encuentra ahora la vicepresidenta.

Confesa comunista y abogada laboralista, Díaz se dio de baja de militancia en Izquierda Unida en 2019 por discrepancias con la dirección que ostenta su compañero en el Consejo de Ministros, Alberto Garzón. No cuenta por tanto para su proyecto nacional con un partido que la respalde, por lo que depende de las organizaciones de Podemos, la misma Izquierda Unida y hasta de Más País, la de Íñigo Errejón.

Díaz, de la Galicia profunda, y Errejón castizo madrileño a más no poder, se fundieron en un abrazo durante el mitin que compartieron en Málaga ayer. Más que el cariño, el interés era mutuo. La futura candidata a la Moncloa, no goza de partido alguno que la financie o pueda respaldarla económicamente para una campaña que puede prolongarse durante meses, por mucho que la vicepresidenta permanezca en el Gobierno. Sánchez tendrá la última palabra y seguro que la pronunciará según sus intereses políticos.

Ante las adversidades e incluso rencores dentro de sus propias filas, Díaz ha movido ficha para decir que es ella la que manda, por mucho que le pese a quien Iglesias en su momento la ungió como heredera para después arrepentirse. Se postula a la Moncloa, incluso ante el propio Sánchez al que no deja de alabar en público.

Díaz dio su primer paso para encabezar una candidatura electoral de izquierdas ecologista, feminista y regionalista. Su problema es que el trayecto le resultará largo a causa de una izquierda que, en la práctica, no se puede ni ver entre sí.

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