jueves. 01.12.2022

Elecciones en Cataluña: un test de estrés para los partidos y la legislatura

El resultado de las elecciones puede tener incidencia y crispar las relaciones tanto entre el Gobierno y la oposición como entre el Ejecutivo y sus socios
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Todo preparado para las elecciones catalanas mañana. FONTCUBERTA

Los comicios que se celebran en Cataluña serán determinantes para el devenir de esa comunidad autónoma pero también pueden tener consecuencias sobre la política nacional en un doble sentido. Por un lado, la agenda soberanista estará marcada por quién gane la partida en el independentismo y quién ocupe la presidencia de la Generalitat. Eso hará más o menos complicada la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez, que depende Esquerra Republicana para poder sacar adelante sus iniciativas y tiene muy complicado forjar una mayoría parlamentaria alternativa. Por otro lado, la pugna entre el PP y Vox amenaza la incipiente viraje de Pablo Casado tras el portazo a Santiago a Abascal en la moción de censura de octubre.

Las principales fuerzas nacionales miran a esta cita en una comunidad clave tanto por su peso económico como poblacional y político como un auténtico 'test de estrés' que pondrá a prueba su resistencia. Y precisamente por eso la lectura que se haga de lo que esta noche les suceda puede derivar en un reajuste de sus estrategias en el Congreso. Los socialistas ya han visto cómo durante la campaña se resentían las costuras de su alianza de Gobierno con Unidas Podemos y cómo los republicanos marcaban distancias.

En su primer año, el Ejecutivo se ha librado de las habituales presiones de los independentistas en buena medida debido a las urgencias que imponía la pandemia de coronavirus. Contra todo pronóstico, se ha llegado al 14 de febrero sin más cesiones que la promesa, aún no cumplida, de reformar el Código Penal para rebajar las penas atribuibles al delito de sedición, lo que beneficiaría a los líderes del 'procés' en prisión, y la sugerencia, por parte de algunos miembros del Gobierno, de que habrá una resolución favorable a los indultos antes de que acabe el primer semestre. La mesa de diálogo a cambio de la cual Esquerra permitió la investidura de Sánchez apenas se ha reunido una vez. En un 2021 que, según repite Sánchez, está llamado a ser "el año de la recuperación" frente al covid, las cosas pueden cambiar. Por lo pronto, los republicanos ya obligaron hace unos días al PSOE a ratificar su compromiso con la citada mesa e insisten en discutir sobre un referéndum de autodeterminación y la amnistía. El marcaje de Junts per Catalunya, que según los sondeos puede quedar primero y apuesta por la confrontación, amenaza con disparar las tensiones. Si a ese escenario se añade un Vox fortalecido y un Podemos con necesidad de hacer ruido, la bomba está servida. Pedro Sánchez Optimismo y temor ante una remontada del PSC que indisponga a ERC.

Entre el optimismo y el temor

Los socialistas miran a las elecciones de este domingo con optimismo, pero también con una punzada de temor. Hacía casi veinte años, desde que Pasqual Maragall logró arrebatar la Generalitat a Convergencia i Unió, que ninguna encuesta les situaba en condiciones de volver a convertirse en la primera fuerza política catalana en número de votos (en escaños no lo ha logrado jamás). Sin embargo, una eventual victoria de Salvador Illa no tiene por qué resultar beneficiosa para Pedro Sánchez. Sobre todo, porque sus posibilidades de ocupar la presidencia son prácticamente nulas. El líder del PSOE gobierna en Madrid gracias a un delicadísimo equilibrio para el que resulta fundamental la colaboración de Esquerra Republicana de Catalunya y aunque los socialistas entiendan que, de cara a unas futuras elecciones generales, volver a ser el partido hegemónico en Cataluña es muy relevante, en lo inmediato preocupa más quién es la fuerza más votada en el ámbito independentista. Las cosas pintaban aceptablemente para la Moncloa cuando las encuestas situaban a los republicanos en cabeza, pero a medida que se han acercado los comicios, Junts per Catalunya ha ido recortando posiciones. Que la formación de Carles Puigdemont acabe imponiéndose es el escenario más temido en el entorno del presidente porque, a su juicio, podría llevar a a ERC a abandonar la estrategia de diálogo con el Ejecutivo central al considerar que no ha sido bien entendida por su electorado. Pere Aragonès ha asegurado en los últimos días que nada modificará su estrategia en Madrid, pero en el PSOE no las tienen todas consigo.

El aviso práctico de que lo difícil que puede ser para el Gobierno armar una mayoría si los republicanos optan por moverse en otras coordenadas se vivió ya en el Congreso unos días antes del comienzo oficial de la campaña, cuando éstos anunciaron por sorpresa su 'no' a la convalidación del decreto ley diseñado para, supuestamente, facilitar la absorción de los fondos europeos para la recuperación. Sólo la abstención de Vox permitió que saliera adelante. Pablo Casado.

Los populares, en guardia ante el eventual 'sorpasso' por la derecha.

Cataluña será el tablero en el que se jugará la primera partida de una nueva etapa política en la que la derecha aparece más fragmentada que nunca y en la que Pablo Casado se juega mucho. Será el primer examen del líder del PP tras su giro al centro y la ruptura con Vox, escenificada el pasado noviembre durante la moción de censura contra Pedro Sánchez. Los conservadores aspirban a duplicar el resultado que lograron en diciembre de 2017, cuando tocaron suelo, y pasar de los cuatro escaños que ocupan en el Parlamento catalán a los 8 o 9 que pronostican la mayoría de sondeos. Pero la dura realidad es que, pese a su tendencia inicial al alza, los populares no consiguen deshacerse de la sombra de la formación de Santiago Abascal, que les persigue pisándole los talones. En noviembre, el PP ganaba a Vox en Cataluña pero la entrada de Salvador Illa y la política de bloques han hecho que el partido ultraderechista remonte, incluso amenazando con un 'sorpasso' que dejaría en una situación delicada al sucesor de Mariano Rajoy.

La confesión de Luis Bárcenas ha sido sólo el prólogo de un año marcado por el tsunami de causas judiciales que señalan a las siglas del partido

El temor se acrecienta aún más tras la irrupción en plena campaña del antiguo tesorero del PP, que amaga con decir todo lo que sabe sobre la financiación ilegal de la formación caiga quien caiga. La confesión de Luis Bárcenas ha sido sólo el prólogo de un año marcado por el tsunami de causas judiciales que señalan a las siglas del partido. Por eso Casado se ha volcado en estas elecciones y ha desplegado todos sus recursos, tirando incluso de todos sus barones para exhibir experiencia y capacidad de gestión frente a Vox.

Los populares confiaban además en poner en apuros a Ciudadanos y hacerse con los votantes que dieron la victoria a la líder de los liberales hace tres años. Pero el viento demoscópico no sopla a su favor y las encuestas señalan que el de Pablo Casado es el partido que menos rentabilizaba la sangría de votos de los liberales, cuyos principales beneficiarios son el PSC y Vox. Las acusaciones de Bárcenas solo pueden empeorar la situación y dar al traste con el proyecto de reunificación de la derecha en torno a las siglas del PP.

Santiago Abascal Vox acaricia un resultado histórico para esgrimir en el Congreso.

Vox acaricia con los dedos un resultado histórico este 14-F cuyas consecuencias traspasarán las fronteras catalanas. Los últimos sondeos, que suelen subestimar a sus votantes, les otorgan una horquilla de entre 8 y 10 escaños, lo que podría permitir a los de Santiago Abascal completar su ansiado 'sorpasso' al Partido Popular que sitúe a su formación como primera opción del electorado de derechas. Otro arma que esgrimir en el Congreso frente a Casado y Arrimadas.

Esta estrategia de legislatura la pusieron en marcha tomando en el Congreso la iniciativa como principal partido de oposición al Gobierno durante los primeros compases de la crisis sanitaria, luego anunciaron una moción de censura contra Sánchez cuyo objetivo velado era Pablo Casado, aunque finalmente esta perdió fuelle después de que los populares cortaran todos los puentes y les aislasen en el parlamento.

En aquella moción, Vox presentó en sociedad a su candidato a la Generalitat, Ignacio Garriga, encargado de defender la propuesta. Una figura que aspira a reeditar en el Parlament la estrategia de Abascal en el Congreso: marcar el 'tempo' de la voz de los no independentistas. Durante esta campaña su mensaje contra ERC, Junts y la CUP ha sido más duro que el de los populares (proponen cerrar TV3 o encarcelar al expresidente Quim Torra por delitos "contra la unidad de la Nación"). También han sabido capitalizar los ataques que han sufrido sus actos electorales.

La otra batalla de Vox es superar a los comunes, la marca catalana de Unidas Podemos. "Si quedamos por delante del PP, de Cs. bienvenido sea, pero no es nuestro objetivo. Si quedamos por delante de la CUP y de Podemos, que son quienes nos están lanzando las piedras en los actos, quienes nos están amenazando, será una alegría mayor", afirmaba Abascal en una entrevista publicada el viernes.

Sin la presión que tienen sus rivales, Vox aspira a reeditar la irrupción que protagonizaron en 2018 en Andalucía, una primera piedra en la que empezaron a edificar su poder nacional. Todo, a costa de PP y Ciudadanos, que ya están en guardia para un posible 'sorpasso' este domingo.

Pablo Iglesias Las urnas marcarán la estrategia de Podemos en el Gobierno.

Pablo Iglesias se juega el 14-F algo más que "asaltar el cielo" de Cataluña. Unidas Podemos atraviesa una profunda crisis territorial que se vio agravada en 2020 tras los comicios vascos y gallegos, donde prácticamente perdieron todo el poder que habían ganado gracias a la sintonía con las Mareas y las confluencias. Un nuevo fracaso electoral ahondaría la fractura entre la dirección del partido y sus círculos periféricos.

La campaña de En Comú Podem, la marca catalana de Unidas Podemos, también se ha visto envuelta en numerosas contradicciones arrastradas por equilibro de poder que su matriz mantiene en Madrid. Los morados han tratado de distanciarse de sus aliados naturales, los del llamado 'bloque de investidura', para marcar una voz propia y no verse sepultados por ellos en las urnas. Pablo Iglesias llegó a cargar incluso contra el exministro Salvador Illa, el cabeza de lista del PSC, insinuando que es "el candidato mediático" que no propondrá "políticas de izquierda". Después comparó a los presos exiliados del 'procés' con la situación del expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y terminó opacando las propuestas de la candidata de los comunes, Jéssica Albiach, cuestionando la calidad democrática de España. Una cuestión que centró el debate nacional en la recta final del 14-F.

En este doble juego, al mismo tiempo, han tratado de mantener el equilibrio entre el ataque directo y la intención de evitar el fuego amigo. Son conscientes de que sus posibilidades de entrar en un eventual Gobierno de la Generalitat pasa por lograr un pacto con los socialistas y con ERC. Una situación similar la vivida en la investidura de Sánchez o en el debate de los Presupuestos.

Todo lo que sea perder el terreno ganado será interpretado en Moncloa como un nuevo signo de debilidad de Iglesias. Los morados han incrementado durante la campaña electoral la tensión en la coalición para evitar diluirse. De no obtener un buen resultado el 14-F, esta escalada en las discrepancias se acrecentará si la lectura resultante es que los votantes de Podemos no aprueban su papel en Ejecutivo.

Inés Arrimadas Ciudadanos se juega el último cartucho en su lugar de nacimiento

Tres años después de la histórica victoria electoral del 21-D, en la que cosecharon más de 1.100.000 votos, Ciudadanos lo tiene prácticamente todo perdido en Cataluña. La formación liberal, que en 2017 obtuvo 36 diputados en el Parlament, ha dejado de ser visto como un partido útil y las encuestas apenas le conceden un tercio de los escaños conseguidos entonces. Un desplome que tiene muchas causas, entre ellas el abandono de Inés Arrimadas de la Cámara catalana para vivir a la sombra de Albert Rivera en Madrid, su negativa a presentarse a la investidura, la línea zigzagueante de Ciudadanos y, sobre todo, el naufragio en las últimas generales.

Aunque la líder liberal se ha volcado en la campaña para intentar salvar los muebles, en la dirección tienen asumido ya un fracaso sin paliativos y centran sus esfuerzos en mejorar los resultados que auguran los sondeos. "Lo importante ahora no es que Ciudadanos gane, sino que el constitucionalismo sume", repiten en la cúpula naranja, que se encomienda a "la movilización" del electorado como su última esperanza para que el golpe sea menor y consigan superar la suma de PP y Vox. De esta manera, podrían frenar la OPA hostil que ha lanzado Pablo Casado sobre los votantes, las bases y los cuadros de Ciudadanos para reagrupar el centroderecha y confirmar una alternativa real a Pedro Sánchez.

También supondría un respiro para la propia Arrimadas y su proyecto, que no quiere seguir los pasos de Rosa Díez y la extinta UPyD. Desde que asumió las riendas de la formación en marzo del año pasado, la líder naranja intentó dar un giro estratégico. Decidió salirse de la foto de Colón e intentar abrir un espacio de diálogo con el Gobierno de Sánchez que ha permitido a Ciudadanos mostrarse como un partido de centro y reconciliarse con sus fundadores, muy críticos en el pasado con el volantazo a la derecha que se llevó por delante a Rivera y que dejó a la formación al borde del abismo. La principal incógnita que se despejará este 14-F para los liberales es si ese volantazo se dio a tiempo o, por el contrario, llega demasiado tarde.

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NAC

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