sábado 21/5/22

La relación de ERC con el Gobierno está muy tocada, herida de muerte, pero aún están a tiempo de evitar el divorcio total. En Esquerra y en el ‘Govern’ redoblan la presión a raíz del estallido del caso de espionaje a los independentistas e inciden en que la pelota está en el tejado de Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno ha hecho gestos y se ha movido, aunque de manera insuficiente para los secesionistas. La investigación anunciada por el Defensor del Pueblo y la constitución de la comisión de secretos oficiales, con todos los grupos representados, es ‘pecata minuta’ para la parte catalana, que exige una comisión de investigación y que Sánchez cese a la ministra de Defensa, Margarita Robles. Una reclamación inviable a corto plazo con las elecciones andaluzas y la cumbre de la Otan a la vuelta de la esquina.

¿SALVAR MÁS VOTACIONES?

«El Gobierno se pensaba que, con la reunión de Bolaños y Vilagrà en el Palau de la Generalitat (hace una semana), sería capaz de reconducir la situación, pero ya ha visto que no», afirman en el Govern catalán, que entienden que la Moncloa ha captado el mensaje de que tiene que moverse a fondo.

Con su ‘no’ al decreto anticrisis, Esquerra quiso visualizar que esta vez va en serio. Y que si amenaza con tumbar todos los decretos y leyes que impulse el Ejecutivo de Sánchez, no va de farol. «El Gobierno puede salvar una votación, pero si no cambia no va a poder alargar la legislatura», advirtió ayer la secretaria general adjunta de ERC, Marta Vilalta, en un acto del partido.

Como consecuencia política, en la orilla soberanista, el ‘catalangate’ ha unido a los independentistas y ha aumentado las distancias entre el Gobierno central y el catalán. Cuando más dividido estaba el independentismo, sin estrategia común y cada uno votando por su cuenta en Madrid, las tres fuerzas secesionistas han encontrado en el caso de espionaje una argamasa para volver a cohesionarse.

Junts y la CUP presionan a Aragonès para que dinamite todos los puentes, si bien recelan de los republicanos. Alguno de esos puentes aún queda en pie. También aprietan al presidente de la Generalitat para que dé por muerta la mesa de diálogo.

Esquerra tensa la cuerda sometido a presión por Junts y la CUP
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