jueves. 01.12.2022

La nueva postura del Gobierno español respecto al conflicto del Sahara Occidental, con su apoyo al plan de autonomía de Rabat para la excolonia española, se produce tras meses de presión y de una nueva diplomacia marroquí más dura hacia sus socios europeos, según perciben analistas y académicos del país norteafricano.

Más allá de consolidar las relaciones con Rabat, Madrid con su nueva postura rompe con una tradición diplomática que siempre ha tratado de mantener un equilibrio entre sus vecinos del Norte de África: Marruecos y Argelia, este último país principal valedor internacional del Frente Polisario y también mayor suministrador de gas natural a España.

Como parte de esa diplomacia dura comandada por el ministro de Exteriores Naser Burita, Marruecos permitió en mayo la entrada de miles de migrantes en la ciudad española de Ceuta y retiró a su embajadora en Madrid. Desde entonces, ha mantenido una política implacable con España, cortando sus relaciones políticas y presionando para que cambiara de postura sobre el Sahara.

El éxito de la presión y una diplomacia dura
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