miércoles. 10.08.2022

Feijóo cambia su estrategia política para anclarse en el centro contra Sánchez

El Gobierno salva el Debate de la Nación sin apuros con el apoyo de ERC restituido

Alberto Núñez Feijóo resquebrajó este jueves, con un leve pero simbólico movimiento, uno de los principales argumentos esgrimidos por Pedro Sánchez para erosionar la imagen de hombre moderado con la que llegó a la presidencia del PP, el de que en los meses que lleva al frente del partido no ha hecho más que seguir la estela del «negacionismo político» de Pablo Casado. En contra de lo que ya daban por sentado los socialistas, el PP no rechazó, como hizo con el anterior, el último paquete de medidas aprobado por el Gobierno para amortiguar los efectos de la inflación sobre la economía de ciudadanos y empresas. No votó a favor con el argumento de que es «insuficiente» y carece de medidas específicas para las clases medias, como la deflactación del IRPF para rentas de menos de 40.000 euros que lleva meses reclamando, pero optó por la abstención. En puridad, el giro de los populares no tuvo efecto práctico alguno. A pesar de que muchos de sus socios hicieron, durante el debate del real decreto ley, discursos ásperos por la falta de diálogo o la poca profundidad de las medidas aprobadas en un Consejo de Ministros extraordinario convocado con premura tras el batacazo del PSOE y Unidas Podemos en las elecciones andaluzas del 19 de junio, el Ejecutivo ya tenía garantizado el apoyo suficiente para sacarlo adelante sin necesidad de que el primer partido de la oposición se lo facilitara. Incluso Esquerra, que en abril, con el escándalo de ‘Pegasus’ candente, votó en contra del primer decreto, se pasó al sí. Políticamente, sin embargo, sí altera la fotografía.

La abstención del PP busca neutralizar el reproche de que solo sabe ejercer una oposición obstruccionista. «No han querido negociar nada pero nosotros demostramos que no estamos en el ‘no’ preconcebido; esto apuntala el perfil centrista», insisten fuentes de la formación. Quizá por eso desde el Gobierno se apresuraron a cuestionar la consistencia del argumento. «Lo hacen por vergüenza y porque saben que ganamos la votación; si fuéramos justos de apoyos votarían en contra», alegaba un ministro al conocer las intenciones de su principal rival político, al auge en las encuestas.

A varias bandas Con todo, el Gobierno puede sacar pecho, y así lo hizo este jueves una vez más, por el amplio apoyo cosechado por sus iniciativas en el Congreso pese a lo complejo del momento y su aparente fragilidad. Uno de los principales objetivos del PSOE era sacar adelante sus quince propuestas de resolución del debate sobre el estado de la nación y lo logró buscando apoyos transversales en función de los temas. Con el PP, por ejemplo, pactó instar al Ejecutivo a presentar un calendario para elevar el presupuesto en Defensa al 2% como comprometió el propio Sánchez con la OTAN; asunto que le enfrenta a sus socios de coalición. Salvo con Vox, fue capaz de llegar a acuerdos con todas las fuerzas parlamentarias.

El PSOE rechaza 12 de las 15 propuestas de Podemos tras el debate de la nación. Dicen que la política hace extraños compañeros de cama. Así sucedió cuando PP y Junts votaron conjuntamente a favor de una propuesta de la formación independentista catalana para agilizar el registro en el Sistema Nacional de Salud de los medicamentos ya aprobados por la Unión Europea para el tratamiento del cáncer metastásico.

PASO A LA MEMORIA

El Congreso dio ayer luz verde a la Ley de Memoria Democrática que busca ampliar el reconocimiento y la reparación de las víctimas de la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista y que será ratificada previsiblemente por el Senado a la vuelta del verano. Lo hizo con los votos favorables del PSOE, Unidas Podemos, PNV, EH Bildu y otras fuerzas minoritarias y entre fuertes críticas de la derecha al Gobierno por permitir que los «testaferros» de ETA «escriban la historia de sus víctimas». Tampoco contó con el apoyo de ERC, BNG, que optaron por la abstención, ni de JxCAT y la CUP, que votaron en contra.

La norma, pensada en principio para unir, ha acabado al final dividiendo después de que el PSOE aceptase la disposición de EH Bildu, a cambio de sus votos, para que una comisión estudie las «violaciones de derechos humanos» hasta diciembre de 1983, ya con Felipe González en el Gobierno. Una decisión que provocó gran revuelo entre las propias filas socialistas. Históricos dirigentes del partido se sumaron a un manifiesto que exigían a Pedro Sánchez «replantear» la ley pactada con la formación abertzale por «tergiversar» la historia.

Ante las dudas sembradas por sus socios parlamentarios, los socialistas se afanaron en reivindicar la Transición y la Constitución.

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