domingo. 04.12.2022

Felipe González y Jordi Pujol han sido enemigos acérrimos, aliados políticos y ahora ex presidentes compresivos con los comportamientos mutuos. El ex líder del PSOE no puede creer que el padre del nacionalismo catalán sea un corrupto que esconde una fortuna en el extranjero. Considera, más bien, que la confesión sobre la herencia de su padre y el dinero en paraísos fiscales sin regularizar fue una «operación de cobertura» de los negocios de sus hijos.

Ambos dirigentes cultivaron una fuerte animadversión mutua a raíz del escándalo de Banca Catalana. De los años de hiel pasaron a los tiempos de miel en la década de los noventa, cuando CiU se convirtió en el bastión que mantuvo en pie el gobierno socialista en minoría de 1993, hasta que en 1996 Pujol dejó caer a un González acosado por la corrupción, los GAL y la crisis.

González dio ayer la cara por Pujol con una rotundidad mayor que muchos de los compañeros de quien gobernó Cataluña entre 1980 y 2003.

Felipe González se erige en defensor de Pujol
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