domingo 22.09.2019

En funciones sin fecha de caducidad

maría eugenia alonso | madrid


El reloj sigue imparable su camino. Queda poco menos de un mes —23 de septiembre— para que el Rey disuelva las Cortes y los ciudadanos tengan que volver a pasar por las urnas y España sigue instalada en el bloqueo político. El efecto combinado de un Congreso cada vez más fragmentado y la incapacidad manifiesta de los partidos para alcanzar acuerdos ha provocado que, casi cuatro meses después del 28-A, el país carezca de un Gobierno con capacidades plenas y que el Parlamento esté paralizado. Es la instantánea de una España en funciones que por el momento no tiene fecha de caducidad. Tras la abrupta ruptura que el PSOE y Unidas Podemos protagonizaron en la sesión del 25 de julio, que terminó con Pedro Sánchez sufriendo la segunda investidura fallida en tres años, las negociaciones entre ambas fuerzas están rotas y la desconfianza entre socialistas y dirigentes morados es total.


Ese día Ferraz cerró la puerta a la coalición, en la que insisten los podemistas, y volvió a emplazar a PP y Ciudadanos para que se abstengan y eche a andar la legislatura. Sin visos de que ambas fuerzas lleguen a un acuerdo para investir al líder del PSOE, España se acerca al récord de 541 días que estuvo Bélgica con un gobierno provisional. Mariano Rajoy estuvo casi un año en funciones —315 días— y Sánchez lleva más de tres meses —118—. En total, 433 días de interinidad en apenas tres años y medio. Un periodo en el que los españoles han sido convocados tres veces a las urnas y han visto a un Ejecutivo caer por primera vez a través de una moción de censura. En medio de todo eso, el sistema se ha enfrentado además a la mayor crisis institucional desde el golpe de Estado del 23-F por el desafío soberanista en Cataluña.


Y, aunque a pesar de todo, el país no se ha detenido, la sensación de provisionalidad que se vive desde entonces no resulta ni mucho menos inocua. La fragmentación del arco parlamentario y la práctica ausencia de un diálogo transversal entre las fuerzas que lo componen han impedido avanzar lo más mínimo en grandes reformas y han abocado a la Cámara baja a una suerte de sequía legislativa.



Parálisis legislativa


En la pasada legislatura, la primera con dos presidentes de distinto color, el Congreso alumbró menos leyes que la media de todas las anteriores. Se aprobaron 36. Muy pocas si se compara con la X Legislatura, en la que se sacaron adelante 173.


Del Parlamento han emanado, entre otras normas, la de autónomos, una de protección de datos, otra que asegura el voto a los discapacitados, dos reformas de la ley del Poder Judicial —para incluir las medidas del pacto de Estado contra la violencia de género y para reajustar las vacaciones y permisos de jueces y magistrados—, además de la transposición de un puñado de directivas europeas. La repetición electoral en 2016 hizo que ese año fuera el menos productivo de los últimos 37 al dejar la cuenta legislativa a cero. Una tendencia que se mantuvo en 2017 cuando sólo se aprobaron 13 normas. Fue el año con menos leyes nuevas desde 1982. Solo en 2004 y 2008 —con siete y seis normas, respectivamente—, cuando José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones, España vivió años legislativos más pobres. 2018 se saldó con 16 leyes y en el año en curso sólo se han alumbrado ocho normas frente a las 64 que salieron adelante en 2015, antes de la irrupción de Podemos y Ciudadanos.


El desembarco de los nuevos partidos hizo saltar por los aires un sistema político tradicional muy acostumbrado al juego de mayorías: el Ejecutivo elaboraba leyes y las mayorías parlamentarias las aprobaban con pequeñas enmiendas de los nacionalistas si sus votos eran necesarios. Ese escenario ya no existe.



Contactos en septiembre


De conseguir finalmente los 176 síes que le renueven en el cargo, habrá que ver si Sánchez sigue gobernando a golpe de decreto. De momento, el calendario juega en su contra y el secretario general del PSOE retomará en septiembre los contactos con las formaciones que han mostrado, con mayor o menor entusiasmo, su disposición a allanarle el camino a la Moncloa. La única vía para el acuerdo sigue siendo amarrar al PNV, al PRC —el voto que tiene asegurado— y a Compromís, además de a Unidas Podemos. Sánchez se verá, sin intermediarios, con sus líderes Andoni Ortuzar, Miguel Angel Revilla y Pablo Iglesias. Es la última oportunidad de alcanzar un acuerdo para evitar una repetición electoral el 10 de noviembre que nadie dice querer pero que, ante el atrincheramiento de posiciones, cada día resulta más probable.

En funciones sin fecha de caducidad