viernes. 30.09.2022

Los ‘indepes’ extremos preparan una Diada de presión a Aragonès

La unilateralidad, la desmovilización secesionista y los indultos marcan la fiesta soberanista
Minuto de silencio en el Ayuntamiento de Barcelona. QUIQUE GARCÍA

Por primera vez desde 2012, Cataluña no se prepara para vivir un otoño caliente. La Diada del 11 de septiembre, con las grandes manifestaciones vividas durante el ‘procés’, solía ser el acto que marcaba la agenda del Govern catalán. Este año será distinto.

Hace dos meses, el Gobierno indultó a los nueve presos del ‘procés’ y dentro de un mes, el Ejecutivo central y el Govern volverán a escenificar el reinicio de un nuevo deshielo en las relaciones entre ambas administraciones en la reunión de la mesa de diálogo en Barcelona. Este es el clima que rodea a las movilizaciones convocadas por la ANC y Omnium Cultural para la Diada de este año.

El foco ya no está en Madrid o Bruselas, como estos últimos años, sino que ahora mirarán en clave interna. El objetivo es presionar al Govern y a las fuerzas secesionistas del Parlament para que mantengan vivo el desafío independentista y no caigan seducidos por lo que algunos califican como cantos de sirena por parte de la administración central en forma de lluvia de millones para la ampliación del aeropuerto de Barcelona o la candidatura olímpica de invierno de la capital catalana junto a localidades del Pirineo.

La manifestación que prepara la ANC no puede ser más simbólica. Será una marcha clásica, que partirá de la plaza Urquinaona de Barcelona, donde se produjeron las algaradas tras la sentencia del Supremo contra los líderes secesionistas en 2019, y acabará en el parque de la Ciudadela, ante el edificio del Parlament, donde se leerán los discursos que retumbarán en el Palau de la Generalitat. El 1-O, cuarto aniversario del referéndum, se celebrará una segunda vuelta reivindicativa de la Diada.

El objetivo de la movilización es doble, según apuntan desde la entidad secesionista. Por un lado, debe servir para «activar» el frente ciudadano y «recuperar» el pulso en la calle, lo que ya supone admitir que la parroquia independentista está desmovilizada, tras la pandemia y el cansancio provocado por el fracaso del ‘procés’ y las continuas peleas entre ERC y Junts. Y por otro, debe servir para «presionar a las instituciones» catalanes para que no regresen al autonomismo. Hay que estar preparados, señalan en la ANC, para cuando fracase la mesa de diálogo. Entonces, añaden, debe reactivarse la vía unilateral y hacer efectiva la independencia.

En ese punto, Junts y la CUP están de acuerdo. Los de Carles Puigdemont abogan, si descarrilan las conversaciones entre el Gobierno y el Govern, por retomar el camino de la secesión a las bravas, aunque no dicen cómo.

Los anticapitalistas, en cambio, apuestan por la repetición de un nuevo referéndum ilegal antes de que acabe la legislatura en 2025.

El secretario general de Junts, Jordi Sànchez, advirtió ayer de que su partido no renunciará nunca a la unilateralidad, si bien precisó que ahora no es el momento de aplicarla. Sànchez, en línea con otros dirigentes de su partido que han vaticinado el fracaso de la mesa de diálogo antes de su primer encuentro, reconoció que debe servir al secesionismo para ganar tiempo y pasar de la etapa postprocés a una siguiente fase de confrontación. «Nadie cree», dijo en Catalunya Ràdio, ni quisiera el presidente de la Generalitat, que de la mesa vaya a salir la solución al conflicto político catalán. «Necesitamos tiempo» para saber cómo puede avanzar el movimiento secesionista hacia la independencia, admitió.

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