sábado 22/1/22

Con el puño en alto y entre aplausos. Así llegó ayer Oriol Junqueras al Parlamento catalán para asistir a la investidura de Pere Aragonès. Junqueras salió de prisión con un permiso de doce horas, de ocho de la mañana a ocho de la tarde.

Los diputados de su partido lo recibieron en la entrada de la Cámara catalana y subió por la escalinata principal del hemiciclo, donde le brindaron un cálido homenaje.

El presidente de ERC, en prisión cumpliendo una pena de trece años por sedición y malversación, no quería perderse lo que desde su partido calificaron como un día histórico. No es para menos.

ERC regresó a la presidencia de la Generalitat 41 años después. Josep Tarradellas fue el último presidente de la Generalitat de Esquerra, tras la restauración de la Generalitat por parte del Gobierno de Suárez, pero no elegido en las urnas. Y el último investido en el Parlament fue Lluís Companys hace 80 años, por lo que la cita era más que espacial para los republicanos, que agasajaron tanto a Aragonès como a Junqueras, que se fundieron en un abrazo minutos después de la investidura.

Fue en la escalinata del Parlament. Allí se hicieron una foto de grupo todos los diputados de ERC, que posaron alrededor de Junqueras. Los de Junts, mientras, salían del hemiciclo con caras serias.

El presidente del grupo republicano, Josep Maria Jové, le recordó a Aragonès el peso de la historia. «Coge el relevo del último presidente republicano: Lluís Companys. Sé que para usted comporta una carga emotiva mayor que la responsabilidad del cargo», señaló. Tanto Aragonès como Jové concluyeron sus discursos con un «visca, Catalunya lliure».

Junqueras, celebración puño en alto y ovación fuera de la cárcel