lunes. 03.10.2022

Dolores Bastida Navarro tenía 95 años y antes de fallecer solo dejó escritas dos últimas voluntades: que la enterraran junto a su marido en Cardona, un pueblo de Barcelona de 4.500 almas, y que el sepelio se hiciera tras una misa en castellano. Lo primero se ha podido cumplir sin problema y la mujer, que murió hace unos días, ya descansa junto a su esposo. Se supone que lo hace en paz. O quizá no, y sigue revolviéndose en su tumba al ver que lo de la misa en castellano no ha podido ser, al menos en su totalidad, como deseaba.

El asunto generó un sindiós que acabó con la familia de Dolores llevándose el féretro en pleno funeral en la iglesia de San Miguel y San Vicente.

El Obispado de Solsona, al que pertenece esta parroquia, señala que el sacerdote oficiante hizo la mayor parte de las exequias en castellano y únicamente una pequeña parte en catalán porque le avisaron con poco tiempo y no pudo preparar los misales en español. Pero la familia de Dolores denuncia que el religioso se negó, por lo que decidieron llevarse el cuerpo de su madre. Su hija, que también se llama Dolores, está desolada porque siente que ha decepcionado a su madre.

Se llevan el féretro de la misa porque el funeral no era en castellano