domingo 9/8/20

La ‘mano de hierro’ del ministro Marlaska solivianta a los mandos de la Guardia Civil

El número dos del cuerpo dimite horas después del abrupto cese del coronel Diego Pérez de los Cobos
El ministro Marlaska ayer, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. BALLESTEROS
El ministro Marlaska ayer, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. BALLESTEROS

Fernando Grande-Marlaska trató ayer de calmar los ánimos calientes entre los mandos de la Guardia Civil tras el cese por «pérdida de confianza» del coronel Diego Pérez de los Cobos y la dimisión del número dos del cuerpo, el teniente general Laurentino Ceña, por «falta de sintonía» con los actuales responsables del Ministerio del Interior y en respuesta a la abrupta salida de su compañero

El ministro es consciente de que las aguas bajan revueltas en el instituto armado por decisiones del pasado, como la destitución en agosto de 2018 del coronel Manuel Sánchez Corbí, jefe de la Unidad Central Operativa (UCO), o el más reciente nombramiento, en enero pasado, de la primera mujer para dirigir la Benemérita, la civil María Gámez. Todo esto acompañado del goteo constante de cambios en la cúpula del cuerpo al albur de la inestabilidad que domina la política nacional desde 2015. Unas decisiones políticas que se consideran en algunos casos alejados de criterios extrictamente profesionales.

En suma, esa sensación de hastío entre los uniformados se ha extendido por los cuarteles y los despachos hasta que una mecha, en este caso la destitución del hombre que coordinó, «y se comió el marrón», el dispostivo del referéndum ilegal del 1 de octubre en Cataluña, ha provocado un incendio de importantes magnitudes.

Para apagar la llamas políticas que mancillan esos valores de lealtad, integridad y honor que se predican en los cuarteles, Grande-Marlaska se agarró ayer a la manguera de la renovación interna para justificar su decisión.

«Es razonable, normal, la potestad de reconstituir nuevos equipos dentro del ámbito de máxima confianza que se plantea un dirigente en un ámbito concreto», alegó el ministro, cuya aparición en Moncloa no estaba prevista. En ningún caso quiso aclarar como obviedad que la salida del jefe de la Comandancia de Madrid está relacionada con la decisión de no informar a sus superiores sobre el polémico informe de la causa que investiga al delegado del Gobierno, José Manuel Franco, por autorizar, entre otras, la manifestación del Día de la Mujer (8 de marzo) en plena propagación del virus.

«No ha habido injerencias», defendió el ministro, en referencia al trabajo de la Policía Judicial adscrita a esa comandancia.

«Con más de 30 años de juez, sé perfectamente cuál es la competencia de un ministro, de un juez. Y hay una palabra que no la conjugo: injerencia», respondió Grande-Marlaska a la advertencia realizada el lunes por la juez Carmen Rodríguez-Medel.

La instructora informó de que actuaría si se demuestra que el cese está relacionado con la intención de Interior de conocer el informe. Unas pesquisas, dijo, que los agentes solo debían comunicarle a ella.

Grande-Marlaska valoró, en suma, el historial «ejemplar» de Pérez de los Cobos en la lucha contra el terrorismo, pero rápidamente lo comparó con otros expedientes brillantes en La Benemérita. Asimismo, reiteró su potestad para cambiar las piezas que considere con su equipo: la directora del cuerpo María Gámez y el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez.

En cualquier caso, el de Pérez de los Cobos no es un peón cualquiera en el tablero. Su figura quedó muy marcada por su intervención, por orden judicial, el 1-O y la oposición en bloque, PP, Vox y Ciudadanos, volvieron a pedir cuentas al Gobierno por esta «agresión» sin precedentes a la Guardia Civil y al Poder Judicial. En el lado opuesto, el cese del coronel murciano de 56 años contenta sobremanera a ERC, socio de investidura, que le considera enemigo público del independentismo por su virulencia en el juicio del ‘procés’. También los comunes, en Cataluña, y Podemos, en Madrid, aplaudieron su destitución por representar lo peor del pasado y se apuntan la carta ganadora en el fino equilibrio que domina la coalición de Gobierno.

El daño colateral que avivó los ánimos en el instituto armado fue la dimisión del teniente general Laurentino Ceña, Director Adjunto Operativo (DAO).

En clave interna se interpretó como una cuestión de honor con su colega Pérez de los Cobos, al negarse a firmar la carta de despido. Pero el ministro prefirió darle un matiz pragmatico, agradecer sus «excelentes» servicios y restarle importancia.

«Su relevo ya estaba diseñado, y él era conocedor», explicó. La razón es que Ceña cumplió 65 años en marzo y ya había pactado quedarse hasta el 2 de junio, por lo que solamente se ha ido antes de tiempo. Su puesto lo ocupará el general de división Pablo Salas, hasta ahora máximo responsable del Servicio de Información del instituto armado.

No obstante, las asociaciones de guardias civiles al unísono valoraron el gesto de Ceña y lamentaron que un mando con una hoja de servicios intachable tenga que acabar sus servicios descontento con una decisión política.

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