sábado 28/5/22

Félix Bolaños es el perejil de todas las salsas. No hay negociación o problema que resolver en el que no esté presente. Se ha convertido en un especialista en crisis de todos los formatos. Hoy pecha con la del espionaje, pero antes fue el hombre del Gobierno en la exhumación de Franco, la negociación del Poder Judicial, el acuerdo de coalición con Podemos, el decreto del estado de alarma y sus prórrogas, los indultos a los presos del ‘procés’, la moción de censura, las negociaciones con la Casa del Rey, la comisión creada por la erupción del volcán en La Palma, y un sinfín de asuntos, todos delicados. Es el vicepresidente sin galones de Pedro Sánchez, su alter ego para los asuntos que nadie sabe cómo resolver. «Un hombre preparado, tenaz y eficaz». Así lo dibujó el presidente del Gobierno el día que anunció su nombramiento como ministro de la Presidencia.

Antes había sido el fontanero en jefe de la Moncloa a la sombra del otrora poderoso Iván Redondo, con el que formó un tándem engrasado que el tiempo y los avatares políticos se encargaron de desengrasar. En esa disyuntiva, Pedro Sánchez optó por el abogado que conoció en 2014 en una caseta del PSOE durante unas fiestas del bario madrileño de Aluche. Sánchez rumiaba si se presentaba a las primarias para liderar el partido, y allí, entre chorizos y bocadillos, un joven abogado que trabajaba en el Banco de España con un cargo de relumbrón y una trayectoria profesional envidiable, ofreció su colaboración. Su primera tarea fue la de representante jurídico de la candidatura que ganó aquellas primarias a Eduardo Madina. Desde entonces no se han separado. Sánchez en el escaparate, él entre bambalinas.

Cuando el presidente remodeló el Gobierno el pasado 10 de julio entró en el Consejo de Ministros con la cartera de Presidencia y la vicepresidencia política en el bolsillo. Sus interlocutores de otros grupos hablan de él como un tipo «serio, conciso, educado y poco dado al compadreo». De puertas para afuera es igual con el añadido de la discreción absoluta, lleva a gala, y hasta sonríe al decirlo, no dar titulares a los medios de comunicación. También despierta filias y fobias. Merry Martínez Bordiú, nieta de Franco, le maldijo por desenterrar a un muerto; el abogado de la familia le agradeció su labor.

Es un producto Moncloa con los pies en el PSOE. Una dualidad que no es fácil de compaginar. Militante socialista desde 2003, ha escalado toda la jerarquía orgánica, desde la agrupación de Latina, en la que está afiliado, a la ejecutiva federal. Todo, dicen sus más cercanos, sin conspirar ni pisar cabezas. Es el último parapeto del presidente del Gobierno, el que debe evitar que Sánchez no se vea arrastrado por una gestión gubernamental incapaz de dar una respuesta satisfactoria a los múltiples interrogantes abiertos.

El ministro para todas las crisis