domingo 22/5/22

El giro histórico de España en su posición sobre el Sáhara Occidental —lo que Pedro Sánchez se afana en describir como la apertura de una «nueva etapa» en las delicadas relaciones hispano-marroquíes-— cristalizará este jueves en la visita que cursará a Rabat el presidente del Gobierno acompañado por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. El jefe del Ejecutivo se reunirá con el rey Mohamed VI en el marco de la denominada cena de ruptura del ayuno —el ‘iftar’— la celebración, muy simbólica para los musulmanes, que interrumpe la abstinencia en el Ramadán al caer el sol.

La invitación constituye, por lo tanto, un gesto explícito de concordia que llega después de que se suspendiera el primer viaje previsto de Albares en solitario para sustituirlo por el que finalmente encabezará Sánchez y cuando las autoridades marroquíes han dejado traslucir su «alto aprecio» por el acuerdo en el que Sánchez reconoce la propuesta marroquí de autonomía para la excolonia como la «más seria, realista y creíble» de las posibles.

En la comparecencia posterior al Consejo de Ministros, el titular de Exteriores exhibió ayer la satisfacción que suscita en la delegación española que Mohamed VI vaya a sentar a su mesa al presidente en una tradición tan propia y arraigada como el ‘iftar’. «Es un signo de amistad muy fuerte», tradujo Albares, quien celebró la singularidad de que el monarca y su familia conviden a un mandatario extranjero.

El presidente español explicitó el viraje en la política exterior en la carta que remitió a Mohamed VI el pasado 14 de marzo, cuatro días antes de que la monarquía alauí desvelara su contenido provocando una sacudida en el tablero político. Y diez meses después de la crisis diplomática sin precedentes en la que la acogida secreta por España del jefe del Frente Polisario, Brahim Ghali, para tratarse de la covid derivó en un desbordamiento de la valla de Ceuta como nunca antes ante la calculada pasividad del Gobierno de Rabat.

El escrito firmado por Sánchez subraya el valor de esta «nueva etapa», cimentada en «la transparencia» y el cumplimiento de los compromisos que se adopten, a partir no solo de la asunción de la iniciativa marroquí para el Sáhara. También en materias como la gestión más ordenada de los flujos migratorios y la «integridad territorial» de ambos vecinos, en alusión implícita a la españolidad de Ceuta y Melilla. Asuntos que formarán parte de la agenda del viernes -la víspera estará copada por el ‘iftar’- en la que están trabajado el Gobierno y sus homólogos marroquíes.

Sánchez viajará a Rabat con una valija diplomática vacía por ahora de cualquier apoyo en el Congreso. En una jornada particularmente intensa, la visita estará preludiada por el primer encuentro en la Moncloa del presidente con el nuevo líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, quien no dio muestras en el congreso del PP de Sevilla de haber variado un ápice su rechazo al volantazo sobre el Sáhara, una crítica compartida por todo el arco parlamentario de derecha a izquierda. El Gobierno, que insiste en que su voluntad de encauzar un conflicto «enquistado» casa con las resoluciones de la ONU favorables a un referéndum para los saharauis, tiene otro frente abierto con la irritación de Argelia. Ayer, Albares volvió a describir al país como socio «estratégico» y continuó confiando en que no tome represalias con el suministro de gas.

Mohamed VI sella la paz con Sánchez en la cena que rompe el ayuno por el Ramadán
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