jueves. 02.02.2023
El Gobierno Aznar ha decidido esconder la cabeza bajo los clarinazos oportunistas de la lucha contra el terrorismo y la inseguridad ciudadana, transmitiendo la imagen de una frenética actividad en la gestión de lo público. Pero mientras la basura se va acumulando debajo de la alfombra. El voluntarismo no es suficiente para vencer a la realidad por muy fácil que pongan la batalla los medios de comunicación adictos a La Moncloa. Los hechos son tozudos. Y tambien lo son las cifras referidas a la situación económica, por ejemplo, que ya empiezan a resistir la comparación con las heredadas del Gobierno socialista en 1996. Es el síndrome del chapapote, cuya abolición no puede ser decretada en el Boletín Oficial del Estado ni depende de la mayoría absoluta conquistada por el PP en marzo de 2000. Y lo cierto es que el chapapote sigue estando ahí, por muchas reformas legales que se propongan para barrer a los delincuentes de la calle o para que los terroristas se pudran en la cárcel durante cuarenta años. Los dos grandes precursores del malestar social han quedado debajo de la la alfombra. Me refiero al paro y la inflación. Respecto al primero, tenemos unos 125.000 parados más que los que hace un año por estas fechas. Y no vale echarle la culpa al aumento de la población activa. Si hablamos de inflación, los índices alcanzados al terminar 2003 son alarmantes. Más del doble de lo previsto oficialmente. Y ya sabemos que el aumento de precios es el impuesto de los pobres, por no entrar en la pérdida de competitividad de nuestras empresas. Si a esos dos datos, de fuerte impacto social, añadimos que los motores del crecimiento económico siguen funcionando al ralentí, nos encontramos con el peor de los escenarios posibles en materia de política económica, que hasta ahora venía siendo la obra predilecta de la España de Aznar. Y además, el chapapote real. Es la tercera de las averías del aquí y ahora que el Gobierno se empeña en ocultar. Me refiero a su responsabilidad política en la gestión de la crisis del Prestige. El lamentable espectáculo de la comisión investigadora del Parlamento de Galicia y la no menos lamentable resistencia del Gobierno a permitir el ejercicio del control parlamentario en el Congreso de los Diputados no va a taparse por mucho que Aznar y su gente se empeñen en deslegitimar a la Oposición porque ésta se niegue a decir amén.

Mucha basura bajo la alfonbra