jueves 19/5/22
                      Pere Aragonés, seguido de Salvador Illa, a su entrada en el Parlament catalán. QUIQUE GARCÍA
Pere Aragonés, seguido de Salvador Illa, a su entrada en el Parlament catalán. QUIQUE GARCÍA

Dieciocho años después, la selección española de fútbol regresará a Cataluña el próximo mes de marzo. Es un síntoma, dicen, de que la situación política está cambiando. Los catalanes ya no sitúan la resolución del conflicto político como el asunto prioritario para el Govern. Ya no estamos en 2017. Lo dijo Jordi Cuixart, el día en que anunció que no seguirá como presidente de Òmnium Cultural. Y añadió como aviso para navegantes: hacen faltan «nuevos liderazgos» en el independentismo.

Carme Forcadell fue la primera de los líderes de la generación de 2017 que se apartó de la primera línea. El segundo ha sido Cuixart. En el lado no soberanista, Miquel Iceta dejó Cataluña y dio el salto al Gobierno. Salvador Illa, su sustituto, hizo el camino inverso y pasó del Ejecutivo central a liderar el socialismo catalán.

Poco a poco, los relevos ya se están produciendo. Pere Aragonès y Laura Borràs, que ostentan la máxima representación institucional autonómica están llamados a sustituir a Oriol Junqueras y Carles Puigdemont como primeros espadas del independentismo. Aunque el peso de las dos figuras históricas es todavía muy grande.

El cambio de rasante ha empezado en las entidades sociales. Cuixart será reemplazado en Òmnium por Xavier Antich. Lo ha designado a dedo. Antich es doctor en filosofía y profesor de Estética en la Universidad de Girona. Viene del mundo de la cultura (Macba y Fundación Tàpies). En la ANC también están ante un final de etapa.

El mandato de Elisenda Paluzie expira en abril, tras cuatro años al frente. Cuixart se aparta y con el eco del portazo intenta arrastrar a Puigdemont y Junqueras. Pero ni ERC ni Junts han querido darse de momento por aludidos.

Fuentes de Esquerra apuntan que Junqueras tiene el control absoluto del partido y que a día de hoy no hay debate sobre su liderazgo, a pesar de que lleva doce años al frente de la nave republicana. «Sólo se abrirá el melón si pasa algo gordo en unas elecciones», señala un exparlamentario del partido.

De momento, ERC ha apostado por una bicefalia estilo PNV, en la que Aragonès, que reconoce que no sería president si Junqueras no estuviera inhabilitado, ha ido ganando terreno al líder republicano, quien no tiene muchas ganas de salir de la primera línea, según apuntan algunas voces en su partido. Junto a Aragonès, una nueva generación, con Marta Vilalta y Laura Vilagrà, se abre paso.

El caso de Puigdemont es distinto. Nunca le ha interesado demasiado la vida de partido. Su objetivo no es ser el líder de Junts, sino de todo el movimiento independentista. Ese es el rol que trata de jugar como presidente del Consejo para la República. El expresident lleva semanas amagando con su posible retorno a Cataluña. Querría volver con todos los galones, pero Aragonès ya le avisó días, que el liderazgo lo dan las urnas. Es decir, que quien manda es él y que nadie sueñe con una restitución del Govern de 2017 como si fuera el regreso de Tarradellas del exilio.

El expresidente de la Generalitat tiene además que decidir si deja la presidencia de Junts como le han pedido algunas voces en el Consejo para la República. Tiene un mes para deshojar la margarita.

Por si acaso, sus posibles sustitutos ya empiezan a coger posiciones. Sobre todo Laura Borràs, quien desde la Presidencia de la Cámara catalana tiene más presencia mediática y agenda propia. Elsa Artadi corre el riego de quedarse como eterna aspirante que no da el paso, mientras insiste en intentar ser alcaldesa de Barcelona. A Jordi Sànchez, secretario general de Junts y uno de los generales de 2017, también le mueven la silla en la dirección del partido. Curiosamente, uno de lo aspirantes es Jordi Turull, también encarcelado e indultado como Sànchez.

Una nueva generación pilota la era del ‘postprocés’ y desplaza a los históricos