martes. 07.02.2023
Reunión de la comisión ejecutiva del PSC en la que se decidieron las sanciones.

El Partido de los Socialistas de Cataluña cerró ayer, con una multa de 400 euros para cada uno de los cinco parlamentarios díscolos, la crisis que desataron el miércoles pasado los diputados del sector catalanista que se negaron a cumplir la disciplina del grupo y evitaron votar en contra de la declaración soberanista aprobada por CiU, ERC, Iniciativa y CUP en el Parlament.

Aunque hay sectores que abogan por la expulsión de los cinco disidentes, Ángel Ros, Rocío Martínez-Sampere, Marina Geli, Joan Ignasi Elena y Núria Ventura, todos ellos adscritos al ala más catalanista, la dirección del PSC ha decidido «pasar página» a un incidente «grave» y «lamentable» y finalmente no tomará medidas disciplinarias adicionales para tratar de preservar la maltrecha unidad de la formación.

El PSC cumple este año 35 años -nació de la fusión de tres partidos: dos catalanistas y la federación catalana del PSOE- y nunca hasta ahora había estado tan cerca de saltar por los aires hecho añicos. El músculo electoral se encargó durante lustros de mantener el matrimonio de conveniencia. En los comicios generales, el PSC repetía votación tras votación su supremacía en Cataluña, impulsado por el votante metropolitano que daba su apoyo al PSOE, pero también en las municipales, donde los socialistas controlaban las principales ciudades, como Barcelona, Badalona, Hospitalet, Gerona, Lérida, Cornellá, Sabadell o Tarrasa. Pero desde que el PSC perdió su poder electoral en las generales y en las locales -ya no gobierna ni siquiera en Barcelona- y, especialmente, en las autonómicas (ahora es tercera fuerza), la guerra abierta entre las familias se ha desatado con toda crudeza.

La guerra viene de lejos, pero comenzó a amenazar con la ruptura desde la salida por la puerta de atrás de Pasqual Maragall como candidato a la Generalitat (en 2006) y su sustitución por José Montilla. La división entre ambas corrientes es seria y va más allá de las personas. Es una crisis de «fondo», según la calificó ayer el portavoz del PSC, Jaume Collboni. El enfrentamiento de las dos almas -la catalanista y la autonomista- necesitará mucho tiempo para cerrarse, si llega a hacerlo.

De momento, el PSC trata de ganar tiempo y se ha dado un año para «renovar», «reconstruir» o «reformular», según un documento interno de la formación, su proyecto político, que irá puliendo en diferentes convenciones. Se descarta un congreso extraordinario, pero las diferentes convenciones convocadas, que el próximo sábado aprobará el consejo nacional del partido, harán las veces de cónclaves casi refundacionales.

El PSC cierra la crisis con multas a los líderes del sector soberanista
Comentarios