lunes 24/1/22
                      El socialista Odón Elorza se negó a la disciplina de partido y votó no al nombramiento de Arnaldo. MARISCAL
El socialista Odón Elorza se negó a la disciplina de partido y votó no al nombramiento de Arnaldo. MARISCAL

No fue una revuelta, se quedó en escaramuza, pero fue significativo que once diputados del PSOE y de Unidas Podemos rompieran la disciplina de voto y no respaldaran la elección de Enrique Arnaldo para ser magistrado del Tribunal Constitucional.

El Congreso avaló ayer el pacto entre los socialistas y el PP para renovar un tercio de los integrantes de la corte de garantías con los únicos votos de los muñidores del pacto y los de Unidas Podemos.

Fue una jornada tensa en la Cámara baja. La elección con dos años de retraso de los cuatro magistrados del Constitucional —Arnaldo, Concepción Espejel, Inmaculada Montalbán y Ramón Sáez— superó el examen de los 210 votos a favor, tres quintos de la Cámara. Pero los números dejaron lecturas inquietantes para los socios de Gobierno. Arnaldo, letrado de las Cortes, actividad que compagina con su bufete privado y con un llamativo pasado judicial, obtuvo 232 votos a favor, once menos que los 243 que suman PSOE (120), PP (88) y Unidas Podemos (34). Otra candidata controvertidas por sus lazos con el PP, Espejel, recibió un castigo menor y obtuvo 237 votos, mientras que los postulados por los socialistas, Montalbán y Sáez, sumaron 240 votos.

El socialista Odón Elorza fue el único que reconoció que no había respaldado al candidato del PP para salir «en defensa del prestigio y la dignidad de las instituciones del Tribunal Constitucional y el Congreso», y porque el Parlamento no puede ser un objeto de «atrezo» en la vida democrática.

La dirección del grupo socialista estudia qué sanción le impone al margen de la multa estipulada de 600 euros. La representante morada Meri Pita, según fuentes de su grupo, rompió asimismo la disciplina de voto. También el exministro José Luis Ábalos confesó que había votado en blanco «por error», una equivocación que disparó todas las suspicacias en el grupo socialista porque confundirse en una votación telemática, que exige confirmación del sentido del voto, es muy difícil.

Los demás disidentes se parapetaron en el anonimato de una votación secreta que, además, se llevó a cabo antes del debate. Lo que dijeran los portavoces en el hemiciclo era irrelevante porque todo estaba precocinado en las alturas desde hace tres semanas.

La incomodidad entre los diputados de la coalición gubernamental era evidente. Unos lo llevaban en silencio, otros, como el coportavoz de Podemos, Pablo Fernández, se desfogaron: «Es un sapo terrible que nos tenemos que tragar». Las apelaciones desde el Gobierno a preservar un «interés superior de país», en palabras de la ministra Isabel Rodríguez, no calmaban la desazón de numerosos representantes del PSOE y Unidas Podemos, aunque la mayoría acató las órdenes.

Con copia a la dirección

La dirección del grupo socialista añadió a la jerarquía una medida coercitiva para preservar la disciplina. Todos los diputados tenían que enviar copia de su voto a la secretaria general de la bancada. El portavoz, Héctor Gómez, explicó que no se trataba de controlar ni vulnerar el secreto del voto sino que se hacía así para «confirmar que se lleva a cabo».

La Mesa del Congreso había decidido que la votación fuera telemática y no presencial para evitar aglomeraciones porque al ser secreta había que depositar la papeleta en una urna, un sistema que sí hubiera preservado el anonimato.

Pero al margen de la cuitas y el morbo sobre quién votó y quién no, el resultado puso de manifiesto el descontento entre la infantería parlamentaria de la coalición gubernamental. Máxime, como decía un diputado del PSOE, cuando el acuerdo para renovar el Constitucional no garantiza la del Consejo del Poder Judicial, objetivo prioritario del Gobierno. Así lo reconoció el portavoz socialista en la cadena Ser, aunque confió en que sirva para avanzar en las negociaciones con el PP.

La esperpéntica situación vivida ayer en el Congreso se tornó más difícil para socialistas y morados por los reproches de sus aliados de investidura y Presupuestos y también por las burlas de Vox y Ciudadanos.

Los diputados de Esquerra, Junts, Bildu, Más País, la CUP, PDeCAT y BNG abandonaron el hemiciclo cuando comenzó el debate sobre los candidatos. El PNV se había ido antes del salón de plenos.

Los aliados comparecieron después juntos en el patio del Congreso para denunciar «la cobardía» de PSOE y el republicano Gabriel Rufián emplazó a Unidas Podemos a «plantarse» y no tragarse «el cocodrilo» de Arnaldo. El diputado de Compromís, Joan Baldoví, había subido antes al atril de los oradores con una pinza para ridiculizar la excusa de que iban a votar con una en la nariz. Iñigo Errejón, líder de Más País, dijo no entender «los votos que avergüenzan».

El portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, mezclo la sorna con la regañina: «Ustedes (PSOE y Podemos) no tienen un pase, nunca se vuelvan a subir aquí a dar lecciones a nadie de limpieza y regeneración». Aunque quizás lo que más escoció, sobre todo a los morados, fue el aplauso cerrado de la bancada de Vox con gritos de «Sí se puede» tras conocerse el resultado de la votación.

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