lunes. 05.12.2022

La falta de acuerdo entre ERC y Junts sobre el papel que tiene que jugar Carles Puigdemont en el movimiento independentista estuvo a punto de hacer descarrilar la investidura de Pere Aragonès en mayo de 2021, y aún hoy enfrenta a las dos dos principales formaciones independentistas. Aragonès ya avisó el día de su elección que no aceptaría «tutelas» de ningún tipo, pero Puigdemont reclama su cuota de poder, como hacía con la presidencia de Quim Torra.

El expresidente de la Generalitat se sumó hoy al cisma que abrió el martes en el Govern el secretario general de Junts, Jordi Sànchez, cuestionando el liderazgo de Aragonès. Puigdemont se resiste a quedar relegado a un rol secundario y no solo se siente aún miembro del Gobierno «legítimo» de Cataluña, a pesar de que tras él ya han ido investidos otros dos presidentes, sino que reclama un puesto central en el alto mando secesionista.

Puigdemont, desde Bruselas, advirtió ayer a Aragonès de que el liderazgo del independentismo debe ser «conjunto» y recordó que siempre ha sido «coral». El presidente llamó al líder de Junts para reconducir la crisis, pero sin éxito, a la vista de su su empeño por mantenerse en la dirección del soberanismo y por imponer su estrategia. La de ERC, que se basa en la mesa de diálogo, para el expresidente está condenada al fracaso. Su hoja de ruta pasa por «no retroceder» y «confrontar» contra España. En esta línea, Puigdemont presentó el «Ministerio libre de Exteriores de Cataluña», con el que pretende preparar el terreno para el «embate» contra el Estado español cuando fracase la mesa de diálogo, un descarrilamiento que a su juicio está más que cantado. El proyecto trata de visualizar que el Govern ni quiere ni puede avanzar hacia la independencia y que la única estrategia válida es la que él defiende.

Puigdemont reclama protagonismo compartido
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