miércoles 25/5/22

Llevaban un mes sin verse las caras y el rifirrafe en el Congreso fue todavía más bronco de lo habitual. «¿Qué coño tiene que pasar en España para que asuma alguna responsabilidad?», le dijo Pablo Casado a Pedro Sánchez remedando así una frase que el socialista había dirigido en 2015 al entonces presidente Mariano Rajoy exigiéndole que se manchara las botas y visitara las zonas inundadas por el río Ebro. El líder del PP remataba así, entre los aplausos de sus diputados, una intervención en la que amenazó con llevar al Gobierno a los tribunales por las resistencias de la Generalitat de Cataluña a cumplir la sentencia que obliga a impartir un 25% de las asignaturas en castellano. Casado acusó a Sánchez y a su Ejecutivo de mirar hacia otro lado, dejando desamparada a lafamilia de Canet de Mar que está sufriendo amenazas por exigir la aplicación de una sentencia y la activación de un derecho que les reconoce la justicia. «No puedo entender cómo deja abandonado a un niño de cinco años porque sus socios separatistas —remarcó— dicen que hay que apedrearle». Y lavisó al presidente de que si «está haciendo la vista gorda» puede estar cometiendo un delito de prevaricación Falta de respeto Sánchez evitó entrar al trapo y se limitó a responder con sorna a los ataques, «¿cuántos cafés lleva usted ya?», y a reprochar al jefe de la oposición sus insultos e insidias. «Acabamos de ver un claro ejemplo de cuál es la oposición, de qué falta de respeto tiene a las Cortes Generales esa bancada», dijo.

El odio y el fascismo

Pero no pudo esquivar el tema de Canet por mucho. Tras Casado, llegó el turno de Inés Arrimadas, que incidió en el «acoso infame» que está sufriendo la familia del menor catalán. La líder de Ciudadanos acusó al socialista de tener «todas las herramientas» para proteger a ese niño pero «no hacer nada». «Cuando tienen de verdad al fascismo y el odio delante ustedes nunca actúan», le afeó.

Sánchez reiteró entonces el compromiso de su Gobierno con la legalidad democrática y el cumplimiento de las sentencias, pero también a favor de la convivencia en las aulas y de que no se politice «nunca» la lengua. El jefe del Ejecutivo recriminó a la oposición hablar de «apartheid lingüístico» e insistió en que garantizará el derecho de los niños a ser educados en sus lenguas oficiales, que en el caso de Cataluña son, ha recordado, el español y el catalán.

«¿Qué coño tiene que pasar para que asuma alguna responsabilidad?»
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