jueves. 01.12.2022
Imagen de Raquel Alonso, la mujer que lucha contra el adoctrinamiento de sus hijos. MARISCAL

Se conocieron en una discoteca de Madrid a mediados de los noventa. Ella trabajaba en una productora audiovisual y él estudiaba ingeniería en la Politécnica. Dos años después, Nabil Benazzou y Raquel Alonso se casaron por el registro civil. Ninguno de los dos era practicante. Ni ella en el catolicismo, ni él en el islam. «Nunca me prohibió nada», dice Alonso. El niño llegó en 2001 y la niña, seis años después. Les educaron sin religión específica. «Debían elegir en libertad en qué creer». Cuando murió su padre, él empezó a acudir a la mezquita de la M30, en Madrid. «Le surge una duda existencial», dice su expareja, que ahora dirige la Asociación contra el Radicalismo Extremista y Víctimas Indirectas (Acreavi).

El hombre comenzó a pedir cambios en el hogar «poco a poco, pequeñas cosas porque yo era una persona de mucho carácter», afirma Alonso. De «buenas maneras» en 2011, le pidió deshacerse del alcohol, llevar a los hijos a la mezquita, dejar de ver a los amigos comunes y sacar la televisión de casa. También quiso levantar al niño a las seis de la mañana para que rezara con él y que hiciera el ramadán. Ella se opuso. «Hay muchísimas más mujeres en una situación similar», dice Alonso, que se dedica ahora a acompañar a estas víctimas para que entren en el mercado laboral y cambien de domicilio.

La cuenta regresiva de la radicalización de Benazzou ya había comenzado. Su captura por parte de las autoridades españolas, también. «Aquello sucedió año y medio antes de su detención». Caerá en la Operación Gala, y le condenarán a ocho años de prisión por pertenencia a organización terrorista. Pero hasta que llegó ese momento, este marido y padre pasó de la cordialidad a la imposición violenta de sus condiciones dentro del hogar. «Hay discusiones todos los días. Los niños y yo comenzamos a estar atemorizados», sostiene Alonso, que años después publicaría el libro Casada con el enemigo. «Quiere implantar la sharia. La igualdad con la mujer es cero, estamos en un nivel muy inferior al de ellos. La mujer está obligada a obedecer al esposo». Ella acudió a una abogada que le advirtió que, aunque puede pedir el divorcio, tendría que cumplir el régimen de visitas de los niños con su padre. «Debía aguantar, a saber qué podía pasar si les dejaba con él solos 15 días seguidos», mantiene.

Saldrá ya de prisión

El padre, que trabajaba como «director de una multinacional», según su expareja, había comenzado a adoctrinar en su credo destructivo a su hijo mayor. «Un día bajé con la niña a por el pan, y el niño prefirió quedarse jugando a la Nintendo», rememora Alonso. Cuando su padre se marchó a la mezquita le pregunté qué había pasado. Me contó que le había enseñado vídeos de decapitaciones y de jóvenes que se inmolaban por el islam».

Siete años después, Raquel Alonso, ahora con 50 años, cuenta los días que faltan para que él salga de prisión. «Todas las noches, antes de dormir», admite. «Primero me amenazó él en las visitas en prisión, a donde iba a visitarle con nuestra hija. Me decía al oído que siguiera cubriendo sus necesidades. Luego, otros hombres en la puerta de mi casa y del colegio, me llamaban infiel, me seguían». Desde que él está en la cárcel, Alonso y sus hijos han tenido que cambiar de domicilio seis veces. La última, hace dos meses. «Me tengo que ir cuando ellos llegan a casa».

Recurso ante la Audiencia

Después de un juicio a los miembros de la célula terrorista que llegó hasta el Supremo, y ya divorciada de Benazzou, a Alonso todavía le queda seguir en otro frente judicial, porque en la resolución de divorcio Benazzou conserva la patria potestad, aun cuando ella tiene la guardia y custodia en exclusiva mientras siga entre rejas. El niño ya es mayor de edad y nunca ha querido verle en prisión. Pero la menor sí le visitó con su madre siete veces hasta 2016. «La niña tendrá 15 años cuando él salga, una edad muy vulnerable. Y si al salir él quiere restaurar el régimen de visitas, ¿qué hago con ella? Está en un riesgo grave». Para evitar la utilización de sus hijos como herramientas del yihadismo, Alonso interpuso un recurso ante la Audiencia Provincial de Madrid a principios de año. Esta segunda instancia debe decidir, por primera vez en España, si formar parte de una célula terrorista que incluye el adoctrinamiento radical de sus propios hijos es motivo suficiente para quitar la patria potestad a un padre. La primera instancia ya dictaminó que no.

Raquel, una mujer sola contra el yihadismo
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