martes 24/5/22

«Soy un peligro para mí mismo y para terceros». Cuando en el 2000 cumplió dos años en prisión provisional, Francisco Javier Almeida, condenado por el asesinato de María del Carmen López Guergué, pero con la sentencia recurrida, renunció a reclamar su puesta en libertad. Como exige la ley, un tribunal debía examinar la pertinencia o no de su continuidad en la cárcel una vez superado ese plazo, pero el juez ni siquiera se lo tuvo que pensar. El propio Almeida no se consideraba preparado para regresar a la sociedad e incluso reclamaba un tratamiento médico para los problemas físicos y mentales que padecía.

Dos años antes había confesado en la Audiencia Provincial su incapacidad para sujetarse: «Tengo un instinto que no puedo dominar -dijo-. Nunca he tenido una relación normal con una mujer». Él llego a sostener que era impotente porque había sido operado de un testículo, pero los médicos descartaron no solo la impotencia sino que Almeida sufriera algún tipo de parafilia. Su comportamiento entre rejas siempre fue ejemplar. Era un preso de confianza, lo que le permitió beneficiarse de la libertad condicional.

Ahora vuelve, acusado del crimen de un niño.

Él lo reconoce: «Soy un peligro para mí mismo y para terceros»