lunes 24/1/22
                      El banquillo de los acusados del crimen del concejal de Llanes, Javier Ardines. ELOY ALONSO
El banquillo de los acusados del crimen del concejal de Llanes, Javier Ardines. ELOY ALONSO

La pregunta cuando Javier Ardines apareció muerto el 18 de agosto de 2018 era quién lo mató. En la escena del crimen las únicas huellas y ADN que aparecieron eran los de una amiga de la víctima cuya coartada comprobaron los agentes. El jurado popular será aislado hoy en un hotel y entonces la gran pregunta a la que se enfrentarán es cuántas pruebas necesitan para condenar o absolver a los cuatro acusados: Pedro Nieva, el supuesto autor intelectual, Jesús Muguruza, el presunto conseguidor, y Djillali Benatia y Maamar Kelii, los supuestos sicarios. La fiscal Belén Rico, adelantándose al dilema, aprovechó su último turno: «El Tribunal Supremo sólo exige un indicio muy grande para condenar, o dos. Aquí tenemos seis». Estos son:

1 Noche de autos. Esa noche Benatia recogió a Kelii en el barrio de Recalde e iniciaron el desplazamiento. Los datos de las operadores indican que el primero llamó dos veces desde su casa. La tercera llamada que hace conecta con la misma antena que Kelii. Están juntos. La defensa de Kelii ha intentado hacer ver que ese teléfono lo usaba su sobrino, que pudo bajar a fumarse «un porro» con Benatia. Benatia opuso que llamó a Kelii y no recuerda si era para pedirle dinero o los aperos de pesca al sobrino.

2 Conexión clave. El viaje a Belmonte de Pría lo habrían empezado a las 3.09. «El teléfono de Maamar estaba en Belmonte a las 5.28, a las 5.34 y a las 6.15 horas», recordó la fiscal. Esa última hora los peritos lo ubicaron en una zona compatible con el cadáver, como máximo a 250 metros. «No hay posibilidad de error, es un hecho», afirmó la fiscal. La defensa de Kelii opone que esa noche perdió el teléfono y no sabe qué fue de él.

3 Un coche particular. «El viaje lo hicieron en un Citroën Grand C4 Picasso propiedad de Benatia». Un agente revisó las cámaras con «paciencia franciscana». A las 3.24 horas tiene una imagen de un coche «compatible» con ese en la carretera de Vizcaya y a las 7.28 está de regreso entrando en una autopista el Citroën de Benatia «esta vez sin lugar a dudas». La cabina de peaje lee la matrícula y el precio abonado es compatible con un regreso desde Cantabria. El agente calcula que el viaje se hizo a 133 kilómetros por hora, tomando como referencia que salieran de Belmonte de Pría a las 6.30. Las defensas dudan que fuera posible.

4 El día después. Djillali dejó de tener operativo su teléfono cuatro días después del crimen. Según la confesión que hizo en su momento, Muguruza le dijo que debía romper la SIM y lo hizo en el acto. «Además adquiere un móvil con una identidad falsa para que no le puedan identificar». Kelii marcha a Argelia. La fiscal cree que huía nervioso. Su defensa opuso que iba a ver a su madre enferma o a la fiesta del Cordero.

5 Spray de pimienta. En la escena del crimen del concejal de Llanes se recogen restos de un aerosol procedente de un spray de pimienta. En el registro a la casa de Kelii se incautan un bote cuya «composición mayoritaria» coincide con esos restos, según los análisis periciales presentados en el juicio. La coincidencia no es plena, según la fiscal, porque la muestra recogida en Belmonte de Pría es mínima y estaba contaminada. En la confesión de la que se retractó Benatia dijo que Kelii trajo para el ataque dos botes de spray de pimienta.

6 Una trama coincidente. Ardines fue atacado cuando se bajó del coche a retirar tres vallas que le cortaban el paso de camino al puerto. El día 1 encontró solo una y la sorteó, según ratificaron su viuda e hijos. En su declaración inicial Benatia reconoció que aquel día iban a atacarle pero la maniobra de la víctima se lo impidió. «El tráfico de llamadas aquel día es igual que el del día 16, Djillali llamó a Jesús y Jesús a Pedro», recordó la fiscal. Horas después del ataque fallido Benatia hizo 40 intentos de llamada a Muguruza. Después de la muerte fueron un centenar.

El reto del crimen de Ardines: dar con asesinos que no dejaron huellas