sábado 27/2/21

El retraso de las elecciones catalanas pone en riesgo el ‘efecto Illa’ y el plan de Sánchez

El PSC pierde el factor sorpresa, aplaza los cambios en el Gobierno central y enreda las relaciones con ERC
Pedro Sánchez y el ministro Ábalos el jueves, en la visita al Centro de Regulación y Control de AV) en Madrid. FERNANDO CALVO

Apelar a la mala evolución de la pandemia tiene aroma de excusa para justificar el aplazamiento de las elecciones en Cataluña hasta el 30 de mayo. Más parece que el verdadero motivo del retraso es un intento de la mayoría de las fuerzas políticas catalanas para desactivar el ‘efecto Illa’ en el tablero electoral tras el impacto de la irrupción del ministro de Sanidad al frente de la candidatura del PSC. Pero las consecuencias del cambio de fechas no afectan sólo a Cataluña, también han trastocado los planes de legislatura de Pedro Sánchez.

Nadie duda de que las cifras de la covid en Cataluña son preocupantes, pero con números iguales o peores se han celebrado elecciones en Estados Unidos, Francia y Alemania, y las habrá en Portugal el próximo domingo y en los Países Bajos el 17 de marzo. El Gobierno catalán se mira en el espejo de Galicia y País Vasco, que las suspendieron en abril pasado, pero obvia que entonces había un confinamiento domiciliario y un acuerdo unánime de los partidos, circunstancias que no se dan en este caso. Todo apunta a que el noble argumento de no poner en más peligro a la población es la hojarasca para camuflar un debate electoral.

El empeño socialista para mantener la convocatoria del 14 de febrero, o en todo caso en marzo, evidencia también su empeño en rentabilizar el ‘efecto Illa’ que recogen los sondeos. El PSC está crecido y quiere votar ya. Las encuestas le sitúan codo con codo con JxCat por ser la segunda fuerza (ahora son la cuarta). Un resultado que hace un mes ni aparecía en los sueños socialistas, y que además recortaría la presumible mayoría independentista.

El principal activo de la candidatura de Illa es su transversalidad. De acuerdo al último barómetro del CIS, la mayoría de los votantes de ERC, JxCat y En Comú Podem tiene una valoración positiva del ministro. Incluso recibe mejor nota entre los electores de los comunes y de Ciudadanos que sus respectivos candidatos.

Ante este panorama, el soberanismo ha logrado un tiempo muerto para descafeinar la irrupción del ministro y virar el debate hacia los senderos del ‘procés’, un terreno en el que se mueve como pez en el agua, pero en el que el socialismo catalán está atenazado por sus ambigüedades y contradicciones. PP y Ciudadanos se han subido a la ola con la esperanza de mejorar sus expectativas aunque sea a costa de allanar el terreno a los independentistas y evitar que el PSC adquiera un papel protagonista.

Es indudable que con el retraso los socialistas han perdido el factor sorpresa y corren el riesgo de que su candidato sufra un desgaste ante las feas perspectivas de la crisis sanitaria. Las comparecencias de Illa en el Congreso además ya no van a ser como hasta ahora. No es lo mismo debatir como ministro de Sanidad que como candidato, y las palabras hasta ahora más o menos amables de los aliados del Gobierno, Podemos, Esquerra y PDeCat, se tornarán en lanzas electorales. Por no hablar de la previsible escalada hostil de JxCat, PP, Ciudadanos y Vox.

«Al 101%» contra la pandemia

La exposición pública que le ha aupado ahora le puede abrasar. El eje del debate ya no será la pandemia y su gestión, lo serán las dos caras de Illa, la de ministro y candidato, y la domesticada polarización identitaria volverá a estar en el centro de la dialéctica. A menos que Illa deje el Gobierno. Un viraje que dice no estar en sus planes. Ayer aseguró que está y estará «al 101%» en derrotar la pandemia. «No voy a poner ningún matiz» al aplazamiento de las elecciones.

Pero el aplazamiento no sólo deja en el aire el ‘efecto Illa’, también congela los planes de Pedro Sánchez, muñidor de la operación con el líder del PSC, Miquel Iceta.

Lo que se presumía una jugada maestra puede desembocar en un fiasco. De entrada, pospone la remodelación del Gobierno para cubrir la vacante del ministro de Sanidad y mantiene la incógnita de si acotará la crisis o aprovechará para acometer una reestructuración más amplia. También se queda en el limbo la renovación del Consejo del Poder Judicial, que Sánchez preveía alumbrar, previo visto bueno del PP, tras las elecciones de febrero. Pero sobre todo arroja incertidumbre sobre las relaciones con Esquerra, capitales para la estabilidad gubernamental.

Una campaña no es el mejor escenario para buscar la complicidad de los republicanos mientras en Cataluña se parten la cara con el PSC. También puede alterar la alianza con Podemos. Los morados se la juegan en las elecciones catalanas tras los desastres de Galicia y Euskadi, y su electorado es suelo abonado a los trasvases con los socialistas. Al final, el ‘efecto Illa’ puede devenir en un efecto mariposa de imprevisibles consecuencias.

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