Diario de León

Sánchez arropa a Felipe VI en su visita a BCN en otra semana difícil para la Corona

El ‘Govern’ planta al rey y al presidente para no tensar la negociación de la investidura de Aragonès con Junts y la CUP

El rey junto a Pedro Sánchez y el presidente del Grupo Volkswagen, Herbert Diess. QUIQUE GARCÍA

El rey junto a Pedro Sánchez y el presidente del Grupo Volkswagen, Herbert Diess. QUIQUE GARCÍA

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El Gobierno arropó ayer al jefe del Estado, Felipe VI, en su vista a Martorell, Barcelona, a los actos de conmemoración del 70º aniversario del nacimiento de la empresa Seat. Acompañaron al rey en la fábrica barcelonesa el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Industria, Comercio e Industria, Reyes Maroto, así como los anfitriones, el presidente del grupo Volkswagen, Herbert Diess, y el presidente de Seat, Wayne Griffiths. Gesto de cierre de filas institucional con el Monarca, un día después de que ocho fuerzas parlamentarias registraran en el Congreso una petición de comparecencia para que explique los motivos de la «fuga» de su padre a los Emiratos Arabes Unidos.

El viaje del rey a Cataluña coincidió además con una semana muy complicada para la Casa Real, después de que se conociera la segunda regularización fiscal de Juan Carlos I, con el pago de unos cuatro millones de euros, y de que las infantas Elena y Cristina admitieran que se habían vacunado contra el covid en una visita a su progenitor en los Emiratos Arabes.

El rey contó pues con el respaldo del Gobierno, al menos de su ala socialista, pero volvió a encontrarse en Barcelona con el rechazo del independentismo. El presidente en funciones de la Generalitat, Pere Aragonès, ya había anunciado que no acudiría a la cita, pero tampoco envió a ningún consejero ni cargo de rango inferior. Aunque estaba prevista la presencia del secretario general de la vicepresidencia económica, Albert Castellanos, Aragonés optó por suspenderla para no tensar las conversaciones con Junts y la CUP sobre su investidura. El único alto cargo del Govern fue el mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, como máximo responsable de la seguridad.

Casi no hubo protestas

El rey recibió un nuevo desplante por parte del Ejecutivo autonómico, pero en cambio las protestas se dejaron oír muy poco, pues apenas varias decenas del personas acudieron a manifestarse contra la presencia del Rey en Cataluña en respuesta a la llamada de la ANC y los CDR.

Fue la primera visita de Felipe VI y del presidente del Gobierno a Cataluña tras las pasadas elecciones y en plena negociación del nuevo Govern. El Jefe del Estado quiso escenificar el «apoyo absoluto» de «España y todas sus instituciones» por el crecimiento económico de Cataluña y más en concreto por la transformación del sector automovilístico en una industria de coches eléctricos. Máximo apoyo institucional español al sector del automóvil, muy castigado por la pandemia.

El Gobierno anunció el jueves la creación de un consorcio público-privado para impulsar una fábrica de baterías cerca de Martorell. El rey le dio rango de «momento histórico», como lo fue cuando Seat se instaló en Martorell para consolidar a Cataluña como el motor económico de España. «Una planta de baterías es una señal inmejorable de compromiso con aquellos aspectos que deben definirnos como país: la innovación, la irrenunciable cohesión territorial y la participación público-privad», expresó. Espíritu global catalán El evento estaba fijado para el pasado mes de diciembre, pero tuvo que cancelarse después de que Pedro Sánchez tuviera que guardar cuarentena tras haber estado en contacto con el presidente francés Emmanuel Macron, que dio positivo de covid.

Entonces, el acto se interpretó como un gesto de apoyo del presidente del Gobierno al jefe del Estado, por las informaciones publicadas sobre el rey emérito.

El contexto era más o menos igual al actual, pero en esta ocasión, además, la visita llegaba a una semana de la constitución del nuevo Parlament, en plena ola de violencia en las calles de Barcelona y un día después del manifiesto común de los empresarios diciendo basta y exigiendo al Govern que centre su políticas en la recuperación económica. La presencia del rey y del presidente del Gobierno en el motor económico de Cataluña fue así también un respaldo al clamor empresarial.

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