domingo. 29.01.2023

Pedro Sánchez asumió el viernes la presidencia de una Internacional Socialista con mucha solera histórica, pero muy venida a menos en las últimos años. Tanto que en la jornada inaugural del congreso que este fin de semana se celebra en Madrid la organización saliente poco menos que hizo la ola a la hora de reconocer a los partidos socialdemócratas de distintos continentes que aún se mantienen al día en el pago de sus cuentas de afiliación.

Ayer, un día después de la designación de Sánchez por aclamación, el ambiente aparentó ser un poco más glamuroso, aunque sólo fuera por la presencia junto al presidente del Gobierno del primer ministro de Portugal, Antonio Costa, el otro gran baluarte a día de hoy del socialismo europeo junto al jefe del Ejecutivo español.

Sánchez y Costa, moderados por la ministra y número dos del PSOE María Jesús Montero, compartieron una mesa de análisis sobre un tema en el que se mueven a sus anchas: la transición energética. España y Portugal no sólo son puntales a nivel continental en fuentes renovables, sino que sus dos mandatarios se colgaron una medalla a la hora de arrancar a la Unión Europea la ‘excepción ibérica’ sobre el tope del gas para frenar la escalada de precios en la factura de la luz. El líder del PSOE contrapuso el compromiso del socialismo con el medio ambiente con las posiciones de la ultraderecha e, incluso, de la derecha española y portuguesa.

«Los primeros no creen en el cambio climático y los segundos dicen que sí existe, pero actúan como si no existiera», afirmó Sánchez.

La Internacional Socialista fue resucitada en la década de los 50 del siglo XX. Estaría ya formada únicamente por formaciones socialdemócratas, lo que evitó las históricas batallas ideológicas del pasado. Su máximo esplendor se produjo durante los mandatos del excanciller Willy Brandt entre 1976 y 1992. La organización reunía entonces a líderes socialistas de carisma mundial como el noruego Olof Palme, el francés François Miterrand o Felipe González. La presencia de partidos como el de los dictadores egipcio Hosni Mubarak o el tunecino Ben Ali desdibujó los ideales democráticos de la Internacional, de la que el histórico partido socialdemócrata alemán se desvinculó en 2010. Sánchez se propone ahora resucitar el prestigio internacional de esta organización progresista.

Sánchez estrena liderazgo de una Internacional Socialista en declive
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